(J)aula Segura: la otra forma de «resolver los problemas»

«Va mal el negocio, ¡manda la caballería!» (La Polla Records)

La continuidad en política educacional, desde el reordenamiento (o desmantelamiento) de la Educación Pública iniciado en Dictadura, pone al Gobierno de Piñera a la cabeza del ajuste autoritario que necesitaba esta «embarcación abandonada». Esto se suma a la apuesta permanente que la Concertación y NM históricamente han hecho por la Privatización de la Educación.

A estas alturas del primer año de Piñera, nadie discute que las promesas de Tiempos Mejores a partir del despegue de la Economía, con mayor y mejor trabajo, es un espejismo. Los gobiernos de la ex Concertación y Chile Vamos, se recriminan mutuamente por políticas que implementan en conjunto pero que ejecutan alternadamente. Piñera alertó del caos y el desmoronamiento de la Economía durante el gobierno de Bachelet y hoy vive una situación similar, muy alejada de aquella bonanza prometida. Opera entonces aquí el dispositivo Orwelliano de borrar la memoria, negar la historia y levantar discursos contradictorios y falsos con el consentimiento de una buena parte de la gente. Se puede incluso llegar a decir que «nunca fuimos pinochetistas», «siempre fuimos demócratas, nunca apoyamos la dictadura»; «Votamos por el No, nunca votamos por el Sí». O el componente caricaturesco que ya es marca registrada y resulta efectivo, una Piñericosa o decir «que la desaceleración económica es culpa de un fin de semana largo».

En este contexto, asumiendo que las principales promesas de campaña agonizan y que los Medios de Comunicación no pueden seguir cubriéndole las espaldas (llegando a citar estudios en donde Chile está entre los países con mejor sistema de pensiones a nivel mundial y el mejor sistema de salud de América Latina) es que el gobierno debe volver sobre el eje de la Seguridad Pública.

Y aquí sorpresivamente, la propuesta que nace del alcalde Alessandri de la comuna de Santiago, de levantar un proyecto de Ley que termine con la violencia en los liceos, se convierte en el salvavidas ideal. Desde una problemática limitada a unos cuantos liceos públicos de Santiago, se pretende legislar en un área donde ya existen los mecanismos legales pertinentes.

Ahí la entrada del gobierno a la estrategia comunicacional fue impecable. Piñera recicla la frase de hombre de Estado: «son delincuentes disfrazados de estudiantes» o «son violentistas no son estudiantes», que en la historia reciente puede recordarnos desde Pinochet a Lagos; de Frei a Bachelet. La opinión pública aplaude la propuesta. En el imaginario se encuentra instalada la «crisis de la educación pública», «la violencia de los estudiantes en las manifestaciones» y ahora «la violencia contra los profesores».

La comuna de Santiago ha vivido el desmantelamiento de la Educación Pública como todo el resto del país. Las administraciones municipales se han alternado la profundización de la crisis: en un primer momento el financiamiento, la infraestructura y la baja en la matrícula. Ahora, la convivencia escolar en las comunidades educativas. Lo fue con Tohá que declaró a Santiago como «Capital de la Educación Pública» y lo sigue siendo con Alessandri; la lógica vuelve a ser dejar «el barco a la deriva». Cuando la crisis es terminal, las propuestas más descabelladas parecen la única solución. Seguramente, en liceos como el Aplicación, el Darío Salas y el INBA deben existir docentes, estudiantes y apoderados que ven con buenos ojos esta nueva ley. Sin embargo, poco se cuestiona lo que hay detrás de esos actos de violencia ni porque las Comunidades Educativas no pudieron enfrentar con diálogo y medidas con una orientación pedagógica el fenómeno. Tampoco existe un análisis de cuáles son las medidas tomadas por el sostenedor, la Dem de la Municipalidad de Santiago, para enfrentar previamente esta problemática particular.

Aula Segura se convierte en ley, contando con una alta aprobación de la opinión pública. Justo cuando el gobierno de Piñera no tenía por dónde repuntar en las encuestas y cuando las cifras macroeconómicas (del Presidente Empresario) iban a la baja. Entonces, aparece este nuevo enemigo interno para jugar una de las manos que más le acomodan a la Derecha: el miedo y la seguridad. Desde los Medios de Comunicación Masiva se fue instalando la necesidad de legislar y la «oposición» entró en el juego efectista que necesitaba el Ejecutivo. No había experto en educación que apoyara la medida, ninguna experiencia exitosa en Convivencia Escolar que legitimara este espectáculo. Pudiendo rechazar este verdadero atentado al sentido educativo que debe primar en la normativa de una escuela, a partir de manuales de convivencia discutidos y sancionados por toda la comunidad; pudiendo dar cuenta de una ley que como ahora reconocen «no soluciona el problema de la violencia» sino que constituye el populismo propio de la derecha ante temas de seguridad; pudiendo ser coherentes con una serie de reformas como la ley de inclusión que iba en el sentido totalmente contrario, se prestan para este show y se felicitan por la maniobra de Yasna Provoste de darse el gusto de cambiarle el nombre a Aula Democrática, siendo que ya el triunfo era del gobierno.

La gran victoria del gobierno de Piñera fue instalar una discusión legislativa a la fuerza y «de rebote» (la idea surgió en Santiago Centro); el proceso de legislación mediatizado, ordenó el discurso y el impacto emocional del que se hizo eco en la población, permitiéndole aparecer como que «tomaba el toro por las astas». La gran victoria de Piñera fue entrar en la Educación como le gusta a la Derecha, pero no a cualquier aula sino a la pública, no para salvarla sino para tenerla controlada. No importa el proceso educativo que lleve a los jóvenes de los liceos a dialogar y resolver sus problemas al interior de sus escuelas; ni la Derecha ni la ex Nueva Mayoría apostaron por esto; su política en educación es no tener política, que el barco naufrague, pero que las consecuencias de la catástrofe no alteren esta paz aparente. Tampoco les interesa reforzar equipos de convivencia, hacerse cargo de Direcciones anquilosadas o proyectos educativos no participativos. Aquí, tratan a estas comunidades educativas como operan en cualquier ámbito de la seguridad pública: autoritarismo, represión y vigilancia.

El gran desafío que le queda al mundo estudiantil secundario es ver cómo enfrenta esta arremetida autoritaria, superando la mera reacción y la consigna incendiaria que no se traduce en una organización fuerte que pueda luchar «sin pisar el palito». El que nos queda como docentes, es de qué manera generamos una propuesta político pedagógica desde las comunidades (sean institucionales o populares) para disputar la resignificación de la educación pública y dejar de ser utilizados nuevamente como en esta pasada.

El que le queda a todas las organizaciones populares, vinculadas directa e indirectamente a la Educación Pública Secundaria, es coordinarse para cuando el Estado comience a valerse de esta «nueva herramienta legal»; cuando comiencen a forzar a las comunidades a actuar expulsando estudiantes.

Cuando la economía no anda, el negocio es la seguridad: Estadio Seguro, Aula Segura, Consultorio Seguro, ¿qué viene ahora?

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