Rodrigo Cisternas a 10 años de su muerte

Por: Esteban Miranda 

En la Provincia de Arauco, no hay muchas oportunidades de trabajo; así una gran parte de la población ve en el ingreso a la industria forestal la única salida para poder sobrevivir. Hace 10 años la Provincia se encontraba en un estado de agitación extrema. Más de 5000 trabajadores de la Empresa Bosques Arauco –propiedad del Grupo Angelini- se habían lanzado a la huelga, hartos de los salarios de hambre, que una de las ramas económicas más importantes del país, les entrega a cambio de la venta de su fuerza de trabajo. Muchos no percibían más de $60.000 de sueldos base. Además de la cuestión salarial, la movilización hacia hincapié en la necesidad de no hacer distinción de ningún tipo entre trabajador@s de planta y subcontratados, una demanda central que hoy con más fuerza que en aquel entonces, es impulsada por las fracciones más activas del nuevo movimiento obrero que empieza a emerger.

En aquella gran huelga, luego de más de un mes de diversas movilizaciones y la implementación de variadas formas de presión, el día 3 de mayo unos 2000 trabajadores tomaron la determinación de cortar la ruta que une Concepción con Arauco a la altura de la Planta Celulosa Horcones, en Laraquete.

Luego de más de 5 horas de bloqueo, Carabineros arremetió con fuerza, con la intención de despejar la ruta a como diera lugar, produciéndose violentos choques con los huelguistas, que no estaban dispuestos a ceder ni un metro de la carretera. Para lograr su objetivo, las fuerzas represivas no escatimaron en recursos,  atacando incluso los automóviles de los trabajadores forestales estacionados en el lugar. En medio de los brutales enfrentamientos entre los obreros y las Fuerzas Especiales de Carabineros –incluso cuerpo a cuerpo-, Rodrigo Cisterna, un joven obrero de 26 años toma la decisión de subirse a un cargador frontal y arremeter contra los vehículos de la policía, volcando varios de ellos. Fue en ese momento, cuando varios efectivos policiales descargaron numerosas ráfagas de disparos, quitándole la vida instantáneamente. Más de 100 balas salieron de las armas de la represión. Por si esto fuera poco, 4 operarios más habían sido heridos por el plomo policial y un quinto trabajador perdió su ojo izquierdo. Otros 6 huelguistas fueron detenidos en el lugar y apaleados salvajemente por la enloquecida policía.

Al funeral realizado en Curanilahue, asistieron más de 25.000 personas, provenientes de todos los puntos de la región. El último adiós a Rodrigo estuvo marcado por una mezcla entre dolor, impotencia, indignación y rabia contra la empresa, Carabineros y el Estado chileno (cuya presidencia en aquel entonces estaba bajo el mando de Michelle Bachelet) que avalaba sin tapujos el accionar policial.

En el mes de abril del año 2013, el Primer Juzgado Civil de la ciudad de Concepción, determinó que era responsabilidad policial y del Estado Chileno este crimen de clase. En consecuencia, ordenó que el fisco debía cancelar una indemnización de $30.000.000 a la viuda de Rodrigo y su hijo, $10.000.000 a cada uno de los cuatro heridos a bala en la jornada lucha y $20.000.000 para el trabajador que perdió su ojo. Más allá de las altas cifras de dinero, al fin se logró “acreditar legalmente” la absoluta responsabilidad de la policía en los hechos de violencia ocurridos aquella noche.

Rodrigo Cisterna, así como muchas y muchos otros militantes populares asesinados, vivirá por siempre en el corazón del pueblo trabajador que lucha por construir una sociedad digna y libre para las grandes mayorías expoliadas por el capital, el empresariado y el Estado.

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