Una estrategia libertaria para los tiempos actuales: Socialismo, cuestión nacional y soberanía popular

Por Cristian Villablanca, profesor de Historia y Ciencias Sociales, dirigente sindical y militante de Solidaridad-FCL

El objetivo de este documento es analizar elementos teóricos de la izquierda revolucionaria relacionados con los procesos sociales de la segunda mitad del siglo XX, e intentar entender sus lecturas y conclusiones sobre su contexto político y económico, en especial en temáticas sobre la cuestión nacional y la soberanía, e identificar cuáles fueron sus efectos reales en el movimiento popular y en la lucha de clases en Latinoamérica, desde la mirada comunista libertaria, comprendiendo si se trata de perspectivas superadas o todavía actuales en la construcción política. Es desde aquí que nacen varias interrogantes que sería interesante visualizar. Por ejemplo, ¿cómo se expresaron los proyectos políticos de liberación nacional en su accionar en el contexto de relaciones imperialistas neocoloniales?, ¿qué papeles desempeñó la “soberanía popular” como elemento discursivo y como elemento teórico de una identidad colectiva en el debate de las ideas y la concreción de los objetivos programáticos?, ¿los procesos de liberación nacional disuadieron o postergaron los objetivos de la revolución socialista en América Latina o más bien lograron sus facilidades? Estas preguntas nos pueden orientar, entregándonos herramientas, en una discusión clave que se ha dado en todos los contextos revolucionarios a la hora de construir estratégicamente el socialismo en el marco del proceso de transición en los países sometidos al capitalismo neoliberal.

En América Latina el tema de la cuestión nacional ha sido un factor importante en las discusiones de la izquierda reformista y revolucionaria. A diferencia del contexto europeo la formación de los estados nacionales en América Latina va a tener dos momentos. En los comienzos del siglo XIX (los conocidos procesos de “independencia nacional”) y en un contexto poscolonial o neocolonial en la décadas de las 50 a los 80 en los conocidos procesos socialistas de liberación nacional (Revolución cubana, Nicaragua y el Salvador), en donde grupos políticos retomaron discursivamente la consigna de liberación nacional y el metarrelato de la independencia en los discursos políticos, por ejemplo los montoneros, los tupamaros, el FSLN y el MIR entre varios grupos políticos más. Estos momentos marcan etapas en donde se plasmaron discursos de emancipación en lo referente a la cuestión nacional y que hasta el día de hoy tiene repercusiones (1). Es por esto que los comunistas libertarios de América debemos analizar desde el análisis estratégico.

Oligarquías, burguesías incipientes e imperialismo neocolonial

En una primera etapa, los procesos de independencia nacional, en América Latina, se vieron postergados por las condiciones económicas y la composición de las elites dominantes. Las oligarquías mercantiles y latifundistas, aliadas y cómplices del capital Ingles fueron un obstáculo para el desarrollo del proyecto político burgués. La economía colonial retraso el desarrollo del capitalismo y las elites dominantes sacaron provecho poniendo a sus países como enclaves del capital inglés e internacional. Es por estos elementos que la soberanía y la autodeterminación de los pueblos – a modo de las lógicas de la ilustración burguesa-se verán postergados en un principio (lo que no quiere decir que fueron retomadas literalmente después).Esto es clave para comprender configuraciones teóricas e ideológicas actuales examinando su génesis.

El proyecto oligárquico durará la totalidad del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX en donde entrará en profunda crisis, comenzando a ser superado por los populismos nacionalistas e industrializadores como el caso del frente popular chileno y el Peronismo en Argentina, pero esto no será la constante de la mayoría de los países latino americanos aunque no fueron las únicas fuerzas críticas de la oligarquía que predominaron (2).

En el caso de los países que no tuvieron grupos políticos nacionalistas o frentes populares, que suplantaran a la burguesía para desarrollar un capitalismo de industrialización por sustitución de importaciones (patrón de acumulación ISI), veremos que seguirán al alero de la oligarquía latifundista o mercantil.Esta no alteró la estructura económica y no instaló repúblicas democráticas burguesas, ya que se limitó, en muchos casos, a mantener un nuevo orden político en complicidad con una burguesía internacional en el marco de una economía primario exportadora.

La modernización del Estado a través del cobro de impuestos a los capitales extranjeros, la permanencia del latifundio y relaciones pre-capitalistas serán elementos de continuidad en la realidad de las luchas de clases en América. En este sentido, la lectura a nivel general de esta primera fase, es ver una independencia nacional frustrada que se orientó a elaborar gobiernos “gorilas” con el fin de satisfacer los intereses foráneos del capital inglés en un comienzo y posteriormente el norteamericano.

La tesis de liberación nacional tenía como idea fundamental impulsar el desarrollo y la modernización democrático-burguesa, especialmente en los países más atrasados y acechados por el “imperialismo” y por ende su estructura teórica como discursiva responde a una época que hoy no es para nada innovadora.

Cuestión nacional, soberanía y socialismo

Es importante examinar un proceso extraordinario como la Revolución Cubana que marcó un nuevo ciclo revolucionario en la región en los mediados del siglo XX – esto no es discutible para los comunistas libertarios-. El orden mundial pos-guerras estaba configurado al son de la guerra fría y la división mundial en dos bloques poderosos liderados por EE.UU y la URSS. Ya el capital se había internacionalizado de una forma extraordinaria y la expresión política de sus formas de acumulación se traducía en un imperialismo que mantenía en los sectores periféricos relaciones pre-capitalistas (como las relaciones latifundistas) con el fin de sustentar el desarrollo económico de la economías del primer mundo. En este contexto la revolución irrumpe y debe cumplir el supuesto rol histórico democratizador que la burguesía escamoteó, como la abolición del latifundio, la industrialización y la Reforma Agraria.

Las condiciones económicas de los países eran configuradas por economías agrarias latifundistas y algunas economías con incipientes esfuerzos industriales como el caso de Chile y Argentina. Sin embargo estas últimas, fueron proyectos de industrialización que no superó las relaciones sociales del campo (el latifundio). Todos los países de América Latina estaban bajo la dominación del capital mundial y específicamente el norteamericano.

Las oligarquías nacionales –aliadas al capital internacional- entraban en contraste con las burguesías de cada país que eran su vez cobardes, ya que no impulsaban el desarrollo de su proyecto político de independencia nacional en términos reales. Todo lo anterior en el contexto de un imperialismo con expresiones neocoloniales.

La revolución cubana provocó grandes cambios en la región, y se convirtió en un gran referente y alternativa en contra del imperialismo, la tiranía y el latifundio en un comienzo. La revolución no solo derrocó y terminó con las relaciones del latifundio, lo que eran tareas que debería realizar una burguesía en un proceso de industrialización y el paso de una propiedad latifundista a la propiedad burguesa contemporánea, sino que comenzó a adoptar medidas socialistas (de carácter estatal) como al expropiación de los medios de producción y de los grandes latifundios, las grandes empresas estadounidenses, una radical reforma agraria y la estatización de los servicios sociales. No una economía mixta y con participación de ciertos grupos empresariales como el proceso venezolano hasta el momento.

La noción de soberanía popular y liberación nacional no eran elementos que traían consigo el calco y copia de la ilustración burguesa. Era algo nuevo que fue un antecedente en la configuración de un nuevo escenario en la lucha de clases en la región. El escenario era el siguiente: “Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas”(Ernesto Guevara, “Mensaje a la tricontinental” 1959). El Che Guevara concluyó posibles variantes que se podría repetir en la actualidad. Este diagnóstico nos expone que los países tendían ha dos alternativas; “liberación nacional” o “posiciones pro imperialistas”. Ante esto surge la pregunta de si este planteamiento logra captar la evolución del desarrollo de las condiciones y contradicciones políticas de la región y de los países sometidos a la acumulación capitalista en la actualidad.

La influencia de esta idea de soberanía popular en los grupos políticos de América Latina fue muy amplia, creando nuevas consignas y conceptos que moldeaban una ideología que integraba ideas nacionalistas y socialistas. Una de las expresiones que nos puede interesar, ya que nos son más familiares, es la del MIR que configuró una identidad colectiva entre los sectores más radicalizados de la izquierda en aquel entonces; Pascal allende planteaba que al igual que Emilio Recabarren lo hizo a principios del siglo XX. El MIR se propuso darle la expresión política nacional, un programa cohesionador, una estrategia revolucionaria, y una organización eficaz a esta dinámica de la lucha por la soberanía de los de abajo que siempre ha estado presente en nuestro país” (Gastón Lillo y José Leandro Urbina (editores).”De independencias y Revoluciones” “Avatares de la modernidad en América Latina”).

Soberanía de los pueblos, soberanía popular o pueblo soberano son elementos teóricos e ideológicos que por historia política de los últimas décadas están ligadas a la identidad nacional desde el espectro de la izquierda. La historia nos enseña que la experiencia de la izquierda criolla es el reflejo–acertado o no – de las condiciones económicas y políticas del capitalismo mundial de la época -es por eso que los comunistas libertarios no podemos dejar de lado estas enseñanzas de las revoluciones latinoamericanas-.

El MIR, al igual que el ELN (boliviano), realizó operaciones de agitación y propaganda con el objetivo de difundir las ideas y convicciones del partido, una de estas acciones más extrovertida fue la de expropiar la bandera de Chile en que se juro la declaración de independencia, “Fueron nuestros antepasados, los patriotas que lucharon por la libertad, quienes en 1818, en esta misma plaza y ante esta misma bandera juramentaron la independencia de Chile, fueron nuestros hijos y familiares, igualmente verdaderos patriotas, que legítimamente recuperaron este emblema patrio en 1980”. A pesar de que esta acción de agitación y propaganda no fue un impacto masivo, si nos deja un precedente de carácter ideológico: la interpretación de la cuestión nacional tomaba partido por un patriotismo resignificado o hacia la izquierda. ¿Pero cuál fue el desenlace de ese patriotismo resignificado? ¿Debemos los libertarios innovar rescatando elementos teóricos e ideológicos de las izquierdas de la mitad del siglo en América Latina?

¿Y el programa histórico del comunismo libertario?

En la actualidad la sociedad capitalista ha llegado a un punto de desarrollo a nivel mundial e intensificado las relaciones del capital en todas las esferas de la sociedad, construyendo una gran estructura de relaciones internacional y global: El neoliberalismo. La realidad de esa estructura internacional es la reconfiguración de la acumulación capitalista, reacomodándose y convirtiéndose en la expresión actual de la acumulación de capital. El neoliberalismo provoca las contradicciones dentro de los territorios, y es la estructura militar, jurídica, financiera y gubernamental a nivel mundial que se impone por sobre la clase trabajadora y los pueblos en conjunto con el patriarcado.

Hoy las tareas revolucionarias no son las mismas que en el siglo XX y, en consecuencia, las convicciones tienen que venir de un análisis riguroso de la realidad del capitalismo y el patriarcado actual. No del rescate de elementos identitarios de una izquierda que ya fracasó, apuntando, a modo de ejemplo, a construir gobiernos de matriz nacional populares (acá radica la estrategia de la soberanía popular) que son inviables en el actual modelo chileno. Consideramos inviable esperar que haya un desplazamiento progresivo hacia la izquierda por parte del Estado y que decante pacíficamente en un nuevo bloque histórico que transite a un modelo nacional popular y menos al socialismo, ya que ello requeriría un proceso de ruptura con el Bloque histórico neoliberal que no es posible bajo la estrategia de la soberana popular en el marco de la institucionalidad estatal del neoliberalismo.

Los comunistas libertarios en América Latina tenemos que fomentar desde nuestras organizaciones políticas, frentes políticos sociales y organizaciones sociales un debate que tienda a superar, en el movimiento de los trabajadoras y trabajadores, las tendencias nacionalistas o consignas confusas que tienen sus orígenes históricos en los nacionalismos de la izquierda sesentera. Pero ¿por qué? El argumento es que estas tendencias y expresiones ideológicas provienen de las izquierdas estatistas – hermanas, pero con grandes diferencias en lo que respecta a la transición- y que se dieron en un contexto determinado del siglo XX. Ese contexto ha cambiado, pero las nociones estatistas siguen vigentes en el movimiento de los trabajadoras y trabajadores.

Fomentar y crear el poder popular autogestivo, dotando al pueblo de capacidad gestión de sus organizaciones y a la toma de decisiones políticas que disputen poder al bloque histórico neoliberal, en pro de la construcción del socialismo son elementos estratégicos que se deben ir construyendo y levantando es todas las franjas de la clase trabajadora y el pueblo. La independencia de clase al Estado, la unidad de la clase trabajadora y la lucha feminista son elementos claves en el proceso de construcción de un bloque histórico político y social que dispute al bloque histórico neoliberal y construya el Socialismo y no un modelo nacional popular imposible de levantar en el contexto actual. Hoy más que nunca el socialismo es nuestra única alternativa.

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(1) No se intentará analizar a los grupos políticos que siguieron las tesis de los frentes populares y del desarrollo de las democracia burguesas de la tercera internacional, ya que las noción de soberanía popular y de liberación nacional entra en contrastes con los grupos políticos mencionados anteriormente. Los partidos comunistas se opusieron a los procesos que radicalizaron a través de los grupos políticos antes mencionados.

(2)  MarcelloCarmagnani, “Estado y Sociedad en América Latina 1850-1930”.

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