El asesinato de Berta Cáceres y las sombras de la lucha territorial

por Orleans Romero

De alguna manera no fue una sorpresa. Semanas antes, en la misma casa donde apareció su cuerpo, irrumpieron para buscarla y silenciar la lucha que daba junto a su pueblo para impedir el avance de la depredación sobre las tierras indígenas lencas en Honduras. Pero la medianoche del 3 de marzo, unos golpes en la puerta avisaron un frío deja vú,uno con otro final. Tres disparos acabaron con la vida de Berta Cáceres, la mujer que lideró el alzamiento de su pueblo contra el monstruo hidroeléctrico de Agua Zarca.

Y es que a la luz de los números, luchar contra los intereses de los grandes proyectos vinculados a la depredación del territorio se ha convertido en un labor de alto riesgo, principalmente en Latinoamérica, donde la cifra de asesinatos el 2015 en números oficiales alcanza los 122 (el total mundial son 185), y preocupantemente los asesinatos de indígenas se alzan al 40% del total de muertos en un año que se transformó en el más ensangrentado del que se tenga registro. Si bien en Chile parece que aún quedan ciertos grados de mesura para frenar las acometidas populares (Chile no registra asesinatos por causas ambientales, los únicos antecedentes, a modo de muertes en enfrentamientos, se tienen sobre la lucha mapuche en el Wallmapu), se debe tener en cuenta que las demandas energéticas y extractivistas se hacen cada día más punzantes y cuantiosas, en iniciativas y recursos destinados. El asesinato y el amedrentamiento violento a las demandas populares e indígenas debieran poner en alerta a las organizaciones de este lado de la cordillera, donde el asesinato de la laureada dirigenta hondureña nos recuerda que la lucha contra el capital, históricamente, termina siempre cobrando víctimas entre quienes se alzan por una vida mejor.

Dirigentes asesinados involucrados en luchas socioambientales en Latinoamérica

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Fuente: informe 2015 de la ONG Global Witness, “En terreno peligroso”, disponible en español en www.globalwitness.org.

[Publicado en la edición N°34 de Solidaridad]

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