Marcha estudiantil: pese a la represión, con o sin permiso, a extender la lucha

Por Sebastián Salas y Nahuel Valenzuela

Todo indica que se está abriendo un nuevo ciclo de movilizaciones en el mundo estudiantil. El bloque en el poder no tiene ningún interés en responder a las demandas históricas del movimiento social; la “cuenta pública” del 21 de mayo pasado, es un reflejo claro de ello. Además, la táctica levantada por fuerzas de izquierda que han intentado “incidir en el ejecutivo”, entablando reuniones con el Ministerio de Educación a puertas cerradas y a espaldas de las instancias democráticas de masas, también ha sido rechazada categóricamente por la mayoría del movimiento.

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Uno de los tantos “controles de identidad” registrados hoy

Ante este escenario, diversos grupos dentro de las franjas más dinámicas del estudiantado han decidido reactivar el movimiento. Pero no solo han interpelando a su propio sector, sino que han hecho un llamamiento urgente y amplio a la acción dirigido a diversos actores sociales, en una perspectiva multisectorial. Se trata de aglutinar a todas y todos quienes actualmente se encuentran marginados de cualquier espacio de decisión y quieren cambiar profundamente el modelo empresarial imperante en el Chile actual.

En este contexto, hoy las y los estudiantes salieron nuevamente a la calle. Los protagonistas fueron principalmente secundarios, quienes intentaron marchar desde Plaza Italia y se toparon con una ciudad sitiada. La marcha no fue autorizada por la Intendencia Metropolitana. Carabineros –con el beneplácito y la justificación del gobierno- mostró su peor cara hoy, nuevamente. Controles abusivos, hostigamiento a los liceos y colegios tomados, revisión de mochilas, exhibición de armamento de guerra, balines, gas lacrimógeno, palos, heridos, más de un centenar de detenciones, criminalización de la prensa, fue lo que pudimos ver hoy.  Incluso, una compañera registró tres paros cardiorrespiratorios por la inhalación reiterada de gas lacrimógeno.

Lo ocurrido hoy, y durante lo que va del año, demuestra que la posibilidad de “incidir” en las reformas de ciertas fuerzas de izquierda nunca fue real. Lo mismo ocurrió con el supuesto “proceso constituyente” que ya está en marcha. Los derechos se ganan en la calle, con la convergencia de las distintas expresiones de nuestros pueblos y la clase trabajadora, y utilizando el método más efectivo –y viejo- de todos: la acción directa de masas. Los cambios que necesitamos no caerán del cielo, debemos tomarnos nuestros espacios y las calles; si el modelo no cede por sí solo, lo haremos ceder a toda costa.

No existe ninguna medida represiva que nos haga retroceder, estamos cansados de esperar y ahora es el momento de actuar. Tomemos el ejemplo de las y los compañeros secundarios, que han comenzado a recuperar sus espacios, planteando no solo sus reivindicaciones históricas, sino que también cuestionando la educación sexista que se replica en sus establecimientos.

 

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