Hasta que la dignidad se haga costumbre [Editorial edición N°32 de Solidaridad]

Marzo comienza con la lucha por alcanzar el aborto libre, seguro y gratuito, e instala la  urgencia  en la izquierda chilena de elaborar estrategias que permitan superar la dominación y la explotación en sus distintas expresiones: no solo contra el capitalismo. La batalla contra el patriarcado no es un asunto exclusivo de mujeres y debe formar parte fundamental de toda política que se autodenomine como revolucionaria.

Esta demanda se presenta en medio de una crisis de representatividad que se arrastra desde el año pasado, evidenciando la descomposición del sistema político chileno. La desconfianza de la población hacia las cúpulas políticas, empresariales y eclesiásticas del país, se expandió como una mancha de aceite, demostrando la ineficiencia de las “medidas para enfrentarla”, (proyecto de ley para el Fortalecimiento y Transparencia de la Democracia, declaración conjunta sobre probidad y transparencia, entre otros), mecanismos desarrollados por sus propios protagonistas, los mismos que han conducido nuestro país durante las últimas décadas.

En este escenario, la Nueva Mayoría,  se encuentra sin liderazgo y bajo un claro predominio de las fuerzas conservadoras. La política de los acuerdos ha quedado en plena evidencia, la nefasta ejecución de la glosa presupuestaria, el ingreso de la “ley corta” en materia educativa, la legislación de la reforma laboral y el proyecto de ley de aborto por tres causales; dan cuenta de sus fuerzas conservadoras preponderantes. Esta situación anula cualquier intento de fisura o “disputa” al bloque neoliberal, sostenido por algunas “fuerzas progresistas” a la “izquierda” del conglomerado.

Entonces, ¿cómo resquebrajar el consenso de la transición neoliberal, para posibilitar la constitución del sujeto social y emergencia de las fuerzas políticas de cambio? En el marco de las próximas elecciones municipales, hay quienes piensan que es un buen momento para ensanchar el escenario político, y expresar el descontento a través de una “tercera fuerza”, por fuera del duopolio existente.

Tal vez, una de las preguntas que inquieta al bloque dominante, es si este malestar social  logrará resquebrajar parcialmente el sistema político chileno. En cambio, la preocupación  para la pequeña franja de la izquierda independiente, es pensar y materializar las formas que adquiere la politización de las clases populares. En ese sentido, como libertarias y libertarios, sostenemos que el actual ciclo social y político, debiese ir articulándose en un Movimiento Social Amplio, que en sí mismo se constituya en actor político, tarea que no permite atajos, ni aventuras de corta duración.

Creemos que esto esfuerzos por organizar decididas franjas de estudiantes, pobladores/as y trabajadores/as que aportan con su talento, creatividad y fuerza humana bajo profundas aspiraciones revolucionarias; son necesidades ineludibles de un amplio espectro de militantes. Cuya concepción de socialismo es decididamente feminista, decolonial y ecológica. Que pone en el centro; la libertad, la autogestión, y el poder popular de las clases empobrecidas.

¡Por el Socialismo y la Libertad!

¡Arriba las y los que Luchan!

Marzo 2016

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