Crisis en la ciencia chilena: la lenta agonía de la producción de conocimiento

La falta del valor del trabajo científico y académico en el país, la inexistencia de contratos laborales y la falta de financiamiento son solo algunas de las aristas del conflicto. ¿Hacia dónde vamos?

Nicolás Sáez

Una serie de eventos han abierto el debate de la comunidad científica durante el último tiempo. Los de mayor relevancia mediática han sido las renuncias antes de tiempo de los presidentes de la comisión nacional de ciencia y tecnología (Conicyt), el aparato estatal encargado de administrar recursos y gestionar parte de las políticas públicas en materias de desarrollo científico y tecnológico. Estas renuncias responden a problemas en la gestión del sistema de producción de conocimiento en Chile.

Otra serie de eventos, que parece correr en una dimensión paralela y que no atrae de la misma forma el interés de los medios, está relacionada con el valor del trabajo científico y académico en el país. Algunas organizaciones sociales de investigadores jóvenes han mostrado que actualmente el trabajo dentro de las universidades está altamente precarizado. Estas organizaciones reclaman que gran parte de los trabajadores que participan de la producción y transmisión de conocimiento lo hacen en condiciones de inseguridad y desprotección, sin tener siquiera contrato laboral.

Estas dos avenidas de problemas intentan representar por sí mismas una crisis en el sistema de producción de conocimiento. Aquellos que siguen la serie de eventos con raíz en los problemas de gestión, proponen como solución la re jerarquización del aparato estatal que administra la ciencia: ellos claman por un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Por su parte aquellos que ponen el énfasis en la desvalorización del trabajo científico y académico proponen transformaciones radicales sobre el modelo de financiamiento de la investigación y desarrollo de tecnología.

La investigación científica en Chile se financia principalmente bajo un modelo de concurso por subsidios en que los investigadores deben competir entre ellos para conseguir fondos para trabajar. Este modelo está basado en una filosofía competitiva y empresarial en la que la figura del científico se equipara a la del emprendedor. Así las relaciones sociales en el sistema de producción de conocimiento quedan compuestas por estos emprendedores y sus trabajadores, o equipos de apoyo. Aquí radica gran parte del problema porque los trabajadores de laboratorio no tienen más seguridad que la que les da un trato informal con el investigador que tiene financiamiento. La mayoría de los trabajadores del conocimiento en Chile no tiene relaciones con ninguna institución ni contrato, ni las prestaciones mínimas que le corresponden a un trabajador asalariado.

El poco valor del trabajo en el sistema de producción de conocimiento es una manifestación más del bajo valor del trabajo en general en nuestro país. Las políticas que han conducido a nuestra sociedad hacia estas condiciones son aquellas con las que se ha implementado el sistema neoliberal. Las fuerzas políticas transformadoras deben hacerse parte del problema de la ciencia manteniendo la centralidad en las condiciones del trabajo que produce y transmite conocimiento. Son las relaciones de producción, el cómo se hace ciencia y el cómo se hace academia, lo que está en medio de la crisis.

15 Comments

  1. Creo que la investigación científica no la hace un aparato institucional que produce conocimiento. La investigación científica sobre temas profundos de nuestra sociedad la puede hacer cualquiera, en cualquier lugar. Nosotros mismo podemos producir ese conocimiento y de manera veloz y sin necesidad de tantos recursos. Las universidades se adormecieron en publicaciones técnicas que venden en el mercado de las publicaciones internacionales. Demoran años produciendo “conocimiento” con metodologías que nadie corrobora. Creo que debemos tomar la investigación científica nosotros mismos. Buena columna. Gracias.

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