Miguel Pizarro, dirigente sindical de Sumar: “Controlar la producción fue fundamental para el desarrollo de conciencia de los trabajadores”

por Adela Velarde

Tras 45 años, entrega su testimonio, sobre un proceso fundamental del programa de la Unidad Popular; la intervención de empresas textiles, un hito que sirvió de modelo para otras áreas y que enfrentó el conflicto en torno a la propiedad y la administración de los medios de producción.

 

Una foto marca el camino


Miguel Pizarro creció en la población El Pinar de San Joaquín. Cuando tenía 16 años, la política irrumpió su vida a través de una fotografía: “Andaba peluseando en la plaza con mis amigos y había una exposición de denuncia sobre Vietnam y me detuve frente a una imagen que me impactó, era la bota de un militar amenazando a un niño vietnamita, de inmediato pensé que quienes hacían ese trabajo de denuncia eran buenas personas. Me acerqué a ellos y comenzó mi desarrollo político”.10295564_715180671877294_7728958304562047540_o

Las primeras tareas fueron propaganda y difusión en la población, y paulatinamente fue asumiendo tareas políticas al interior del Partido Comunista (PC). Cuando llegó el gobierno de la Unidad Popular, había mucha expectativa en el ambiente, “la utopía de una sociedad más justa había invadido el espíritu de toda la población, el trato que nos dábamos, independiente de la militancia, era de compañero o compañera”.

A los 19 años Miguel se convirtió en dirigente del Comité Regional y tenía labores de responsabilidad política en la Comisión Nacional de Pobladores del PC, en 1970 ingresó a Sumar; “me tocó estar presente el día en que fueron expulsados los patrones y gerentes de la empresa, pese a la efervescencia de tal acto, los que teníamos formación política sabíamos el tremendo desafío que se iniciaba, había que enseñar conceptos básicos de economía para llevar adelante la producción y desarrollar otro tipo de relaciones laborales”.

La misión no era fácil. De acuerdo al programa de la Unidad Popular, lo que se buscaba con la intervención y estatización era terminar con el capitalismo monopolista y dependiente, desarrollando un mayor dinamismo en los sectores productivos para así “liberar a Chile de la subordinación al capital extranjero”.

Sin embargo, la forma no estaba clara y esa ambigüedad daba espacio a los intereses empresariales; “algunas industrias tenían un decreto de intervención, pero nunca fueron traspasadas al Estado, entonces producía efectos híbridos porque había que repartir las utilidades con los dueños”. “Al principio fue difícil impulsar el trabajo porque en Sumar los dueños se preocupaban de tener un séquito de trabajadores a su favor que defendían los intereses patronales como si fueran de su propia familia y se cerraban a dialogar políticamente con el propósito de preservar su lugar de privilegio, una práctica común que atraviesa las épocas”, agrega.

La convivencia entre los partidos y organizaciones tampoco era fácil. El clima interno de la Unidad Popular era complejo porque enfrentaba posturas irreconciliables entre el PS, PC y el MIR, “un sector solo estaba preocupado del aspecto militar y creía que el control de la producción era una tarea secundaria, pero yo entendía que para hacer una revolución tienes que partir de lo más básico, controlar la producción fue una tarea fundamental para el desarrollo de conciencia e los trabajadores”.

Los cordones fueron impulsados originalmente por el Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR, pero con su desarrollo, “cada fábrica comenzó a depender de la orientación política de sus dirigentes, lo que impedía en la práctica una política común en la organización”, sostiene Miguel.

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Pese a las diferencias, la producción al interior de Sumar funcionaba bien, era un modelo de organización nuevo, que no enfrentó huelgas violentas y permitió a los trabajadores controlar la situación. “Teníamos nuestra estructura organizativa propia, estaban los comités de producción por rama, había una escuela de nivelación que se financiaba con las utilidades y un consejo administrativo donde participaban todos los trabajadores”, señala Miguel.

Sumar era la única planta de fibra sintética de nylon en el país y muchas empresas textiles dependían de ella, si se dejaba de producir tendría un efecto catastrófico para la economía, y los trabajadores asumieron ese desafío. Además, se presentó la tarea de abastecer de combustible a las empresas del cordón San Joaquín, misión de la que Miguel se hizo cargo: “cada mañana partía muy temprano en un camión a entregar combustible a todas las empresas, independiente de si estaban intervenidas o no, para no detener la producción”.

En medio del clima de polarización que existía en el país, el Gobierno de la Unidad Popular sostenía públicamente su confianza en el sector constitucionalista de las Fuerzas Armadas; “suponer fidelidad a un Gobierno de izquierda era una estupidez. Nadie dimensionó el papel que jugarían y su con la CIA, eso fue un tremendo error”.

“El 9 de setiembre un familiar militar me fue avisar del golpe, y fui hasta el Comité Regional del partido a informar la situación. Me dijeron que no me preocupara porque después de la gran concentración del 5 de septiembre no hay apoyo para un golpe desde las FF.AA.”

Los trabajadores de Sumar el día del golpe

Existen numerosos relatos sobre la respuesta de los cordones industriales el día 11 de septiembre. Algunos incluso contradictorios. Lo cierto es que esa mañana no dejó indiferente a nadie. Muy temprano se iniciaron asambleas para definir el tipo de respuesta y en Sumar Nylon decidieron no recibir las armas que estaban llegando desde Tomás Moro; “no había ningún tipo de formación militar, no sabíamos ocupar las armas, ni teníamos capacidad de responder a la fuerza militar, había gente dispuesta a dar la vida, pero no a regalarla”.

Las armas fueron entonces trasladadas a Sumar Poliéster; “muchos trabajadores decidimos replegarnos, los pobladores esperaban al ejército leal que detendría el golpe y que nunca llegó. Esta zona se vio afectada por la masacre que ocurrió en La Legua donde los trabajadores de Sumar Poliéster salieron con la convicción de defender al gobierno con las armas, murieron muchos trabajadores enfrentándose a carabineros, y pobladores que recibieron ráfagas en sus casas.”

Estadio Nacional, Embajada de Canadá y regreso al Pinar

Tras el golpe, Miguel fue detenido y trasladado al Estadio Nacional y más tarde recluido en la Penitenciaria. Posteriormente, inició una vida marcada por el asedio permanente, hasta que la Embajada de Canadá le ofreció asilo; “luego de pensarlo unas horas, decidí renunciar a esa posibilidad, porque me pedían iniciar una nueva vida, olvidando mi pasado, quien era yo realmente”.

Para Miguel es fundamental reconstruir la historia de las y los trabajadores fielmente, con el propósito de que las nuevas generaciones conozcan los procesos y sepan cuáles fueron los principales desafíos y derrotas; “especialmente en el contexto actual del país, en ausencia de una mayor unidad de la izquierda y con un Partido Socialista y Comunista que han abandonado sus principios fundamentales, por comodidad y el disfrute del poder.”.

“Toda la lucha del pueblo de Chile contra la dictadura fue birlada por los políticos que llegaron del exilio solamente a defender la economía social de mercado, ellos tranzaron con la derecha, negociaron con la derecha y dejaron las demandas del pueblo totalmente afuera, esas son las consecuencias que está viviendo el país hoy en día”.

La carrera que iniciaron los partidos con la llegada de la Concertación significó una desvinculación absoluta de lo que sucede en las bases; “si una organización o partido cree que es posible intervenir en el parlamento, es querer cocinar un plato con la receta de quienes dirigen la cocina, la experiencia demuestra que no es allí donde está el poder de los trabajadores, ni es una herramienta útil para su desarrollo”, sostiene.

La derrota del pueblo chileno fue un episodio en la historia de Chile, pero no es su futuro. Para Miguel, el trabajo territorial sigue teniendo una importancia vital, “en una perspectiva de lucha, coordinada, que responda a las necesidades concretas de la población, lo que nos afecta en el diario vivir. Son pequeñas peleas que van dando sentido al trabajo político y que se materializan en una mayor conciencia de los pobladores, hacia allá hay que ir”.

[Publicado en la edición N°30 de Solidaridad]

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