Crónica de un crimen de Estado: Ayotzinapa y las 365 noches de espera

Hoy se cumple un año de la desaparición forzada de los 43 normalistas mexicanos. Un 26 de septiembre de 2014 que quedará en la historia manchado con sangre en las manos de un Estado que optó por el silencio y la impunidad. Más de 111 personas han sido detenidas durante el proceso, pero ninguna condenada. ¿Qué esconde la  eterna noche que vive México?

Se impone la verdad científica a la verdad histórica

Las investigaciones desarrolladas para conocer el destino final de los 43 estudiantes no han visto la luz. Tampoco la indagación para determinar responsabilidades por las decenas de heridos -dos en estado de gravedad hasta la fecha- y el asesinato de seis personas, entre ellas los estudiantes Daniel Solís Gallardo, Julio César Ramírez Nava y Julio César Mondragón Fontes, a quien arrancaron los ojos y toda la piel de su rostro.

El Estado mexicano siempre ha defendido la hipótesis de que los 43 jóvenes fueron entregados al narcotráfico, luego asesinados, calcinados y arrojados sus restos al río del vecino municipio de Cocula. Sin embargo, la realidad desmiente esta versión.

Durante el mes de septiembre el Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) demostró que no existen evidencias de que haya existido un fuego de esa magnitud en la localidad, ni de que los estudiantes fuesen incinerados en un basurero. Además, indica que “no se hizo todo lo posible para localizar a los estudiantes”.

¿Qué oculta el Estado?

La pobreza y desigualdad han sido caldo de cultivo para organizaciones delictuales que atraen a trabajadores desempleados y subempleados hacia la economía criminal, y las grandes cantidades de lavado de dinero no pueden ser explicadas sin el involucramiento de grandes corporaciones y bancos, no solo en México sino también en los EEUU.

El negocio de las drogas aumentó considerablemente después de la implementación de las reformas neoliberales en México. De acuerdo al economista Abelardo Mariña Flores, “La industria de las drogas y otras industrias asociadas, como el tráfico de personas, son parte de un negocio globalizado, cuyo centro puede encontrarse principalmente en los países desarrollados, comenzando con los EEUU, el mayor mercado para las drogas ilegales y también el lugar desde donde la industria se organiza mundialmente. Esta industria no puede operar sin el lavado de dinero, que es llevado a cabo por los grandes bancos”.

Mariña afirma que la guerra contra las drogas forma parte de una estrategia contrainsurgente dirigida por los EE.UU. a escala mundial: “Es una excusa para la intervención militar. En México, al final de los noventa, el gobierno lanzó el Plan Puebla Panamá con el apoyo de los EE.UU. En perspectiva, ésta fue una de las bases del inicio de guerra contra las drogas. En términos de seguridad, se tiene un constante incremento de la militarización de esta guerra”.

El economista sostiene que EE.UU. juega un rol fundamental en este escenario, al proporcionar apoyo militar a las fuerzas policiales y militares en supuesta lucha contra el narcotráfico, pero también provee armas a las bandas criminales. “Esto ha sucedido también en países como Colombia. Para los EE.UU. es importante mantener la violencia en todo el país porque éste es el perfecto contexto para reprimir cualquier tipo de actividad política militante”, agrega.

Un pueblo que ya no quiere esperar 

El pasado jueves 24  de septiembre, se concretó el segundo encuentro entre la agrupación de familiares de Ayotzinapa y el presidente Peña Nieto, sin embargo, el mandatario se negó a asignar un pliego petitorio de ocho puntos, que incluía “replanteamiento de la investigación en una unidad especializada con supervisión internacional”, “relanzamiento y concentración de la búsqueda” y continuidad del trabajo del GIEI.

Tras el encuentro, los familiares comprobaron la falta de iniciativa del Gobierno, “Vimos a una totalmente insensible”, resumió Mayra Telumbre, tía del desaparecido Christian Rodríguez Telumbre.

Sin embargo, la lucha continúa y confían que será el mismo pueblo mexicano el que logrará exigir verdad y justicia. Hoy se realizarán multitudinarias marchas para conmemorar el peor crimen de Estado que haya vivido México en su historia reciente. Para los familiares es una batalla más: “Estamos dispuestos a dar la vida y aquí estamos, más fuertes que nunca”, asegura Mayra Telumbre.

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