Pedro Lemebel: “No necesito disfraz, aquí está mi cara, hablo por mi diferencia, defiendo lo que soy”

Un agresivo cáncer te llevó muy temprano. Demasiado incorrecto para recibir un Premio Nacional. Demasiado rebelde para la cultura de los Fondart. No fuiste un escritor embobado por la extravagancia del mundo de las letras, fuiste un hombre pobre, homosexual y creador inigualable: “Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota y yo quiero que vuelen compañero. Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar”.

Naciste en una población callampa a orillas del Zanjón de la Aguada. De niño pelusa fuiste forjando el carácter fuerte que más tarde a muchos encantó, y a otros hacía temerte, porque es cierto, sería injusto recordarte como el de la sonrisa fácil o la palabra liviana “no me hable del proletariado porque ser pobre y maricón es peor. Hay que ser ácido para soportarlo.”

Abandonaste tu apellido paterno Mardones en una alianza con lo femenino, un reconocimiento a tu madre huacha, “es un padre que te odia porque al hijo se le dobla la patita. Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro, envejecidas de limpieza, acunándote de enfermo…”.

La juventud no fue fácil en los liceos pobres de la ciudad. La ignorancia y el odio por la diferencia hacían el camino cuesta arriba, una cruel inspiración comenzaba alimentar tus ansias creadoras. “Mi hombría fue la mordaza. No fue ir al estadio y agarrarme a combos por el Colo Colo. El fútbol es otra homosexualidad tapada, como el box, la política y el vino. Mi hombría fue morderme las burlas, comer rabia para no matar a todo el mundo, mi hombría es aceptarme diferente…”.

Y en la masculinizada arte de la política, sin miedo y sin tapujos, con tacones altos y labios rojos gritaste contra la dictadura “¿No habrá un maricón en alguna esquina desequilibrando el futuro de su hombre nuevo? ¿Van a dejarnos bordar de pájaros las banderas de la patria libre?”, “Mi hombría no la recibí del partido porque me rechazaron con risitas muchas veces. Mi hombría la aprendí participando en la dura de esos años. Y se rieron de mi voz amariconada gritando: Y va a caer, y va a caer…”.

Por esa suerte maldita del pobre un cáncer a la laringe se llevó primero tu voz. Ya era hora que descansaras Pedro, demasiado temprano para un creador consecuente con su origen, con su clase, demasiado dolor para quien utilizó la escritura para hablar desde la pobreza, “no soy Pasolini pidiendo explicaciones, no soy Ginsberg expulsado de Cuba, no soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz, aquí está mi cara, hablo por mi diferencia, defiendo lo que soy…”

1.466 Comments