El escenario que se inicia para el sindicalismo en Chile: proyecciones para la lucha ante nuevo Proyecto de Reforma Laboral

La presente columna busca reflexionar sobre las consecuencias para la organización de las y los trabajadores y el papel que deberá asumir la izquierda en el nuevo contexto. Un llamado a fortalecer los sindicatos y a la construcción de nuevos espacios que permitan dotar de herramientas a la clase trabajadora

 El año que termina se caracterizó por una suma de derrotas del movimiento sindical: falta de experiencia, limitaciones impuestas por la legalidad y ausencia de una central que representara realmente los intereses de la clase trabajadora. Estos factores, sumados a un momento de rearme del movimiento popular, y al reacomodo político y hegemónico del bloque en el poder, exigen nuevos desafíos que deben afrontar las y los trabajadores de Chile.

El pesimismo inicial de esta reflexión, responde a que las grandes movilizaciones protagonizadas por las y los trabajadores de diversos sectores económicos como portuarios, contratistas del cobre, peonetas, trabajadores de la construcción, profesores y trabajadores de los servicios, dejaron en evidencia que aún falta mucho en el fortalecimiento orgánico para ejercer una real presión a los sectores empresariales. Ahora bien, el sector portuario y de contratistas del cobre son los que poseen mayor poder de presión en comparación con otros sectores de la clase trabajadora, lo que denota que aún falta mucho más en lo que respecta a la acumulación de fuerzas del movimiento en general. Tarea que se debe tomar en cuenta si se quiere cambiar la institucionalidad neoliberal de la Dictadura que forjó el Código Laboral a través de José Piñera.

DSC_3040 CLLa reforma al Código Laboral es un debate que ya se está encaminando por los sectores del empresariado en conjunto con el Gobierno, en donde la CUT ha cumplido un rol conciliador con el bloque en el poder. Es por ello, que los sectores más avanzados en los aspectos organizacionales y subjetivos del mundo de los asalariados deben reflexionar sobre el nuevo escenario político que se enfrenta. Al referirnos a los sectores más avanzados, estamos hablando de las organizaciones sindicales que han alcanzado mayor grado de organización y participación democrática a la interna de sus sindicatos, como también la construcción de un discurso que se posicione en la escena pública sobre sus inquietudes y propuestas; expresándose en un sindicalismo fuerte y masivo, con una alta capacidad de negociación colectiva.

Sabemos que históricamente los sindicatos por sí solos no logran encaminarse en la construcción de un proyecto que impulse el cambio social y que puedan ser propositivos a la hora de criticar las propuestas que vienen desde el gobierno y el empresariado. Tal es el grado de penetración del pensamiento neoliberal, creando sindicatos de mercado, que es urgente revertir esta situación heredada de la dictadura. De lo anterior se concluye la importancia de que la izquierda nutra y fortalezca a los sindicatos en los que concierne a un proyecto político-social para el país que apunte a ir más allá de la institucionalidad neoliberal y capitalista.

De acuerdo al Centro de Investigación Político Social del Trabajo (CIPSTRA), en lo que concierne a la titularidad sindical que daría exclusividad del sindicato a negociar con la empresa sin crear paralelismo, surge la figura del “adherente al sindicato” o como está estipulado en el proyecto del gobierno sobre los “trabajadores de confianza del empleador”, ”Los cambios contemplarían que el adherente deberá pagar la cuota sindical durante el proceso de negociación, y en una eventual huelga deberá unirse. Por ende, no solamente se permite el paralelismo sindical y la negociación individual, sino que además pueden ser sujetos de negociación colectiva individuos que adhieren, mas no forman parte de los sindicatos, trabajadores que se sumarían temporalmente a las actividades del sindicato en la medida que les convenga, contraviniendo justamente la idea original de lo que se entiende por titularidad sindical”.

La reflexión de CIPSTRA nos adelanta una de las verdades de la titularidad sindical: trae consigo figuras hibridas que tenderán a dar facilidades a los empleadores, quienes tendrán a su disposición herramientas para poder taladrar desde adentro, con mayor facilidad, a los sindicatos que se encuentran negociando. 

 DSC_2943 CLSobre el  titular que aparentemente pondría fin al reemplazo en huelga y fortalecería la paralización, se reiteran figuras e indicaciones ambiguas que integrarían los “servicios mínimos”.  Este punto es bastante preocupante para la negociación colectiva, porque se explicita en el mismo proyecto lo siguiente: se consagra el deber de la organización sindical de proveer el personal necesario para cumplir los “servicios mínimos con equipos de emergencia”. En consecuencia se dice que se prohibirá el reemplazo en la huelgas al mismo tiempo que se está formalizando jurídicamente una forma de reemplazo normada y que corre por responsabilidad misma de los sindicatos; una verdadera paradoja que le quitará fuerza y presión a la negociación colectiva, debilitando las luchas sindicales.

La “adaptabilidad pactada” es otro punto preocupante que entrega más marcos para la negociación y esto a primera vista es positivo, ya que los sindicatos podrían extender los temas a negociar, un ejemplo sería los horarios de las jornadas laborales. En el proyecto se expresa como “amplitud de las materias a negociar”, habrá que estar atentos para que este punto no sea una arma de doble filo para las y los trabajadores, ya que al existir más materias de negociación, podrían darse la circunstancias en que los empleadores quisieran bajar los pisos en las otras materias tales como sistemas excepcionales de jornada y descanso, horas extraordinarias, jornadas pasivas y servicios de bienestar entre otros; no se explicita en el proyecto de que estos elementos partan de un piso mínimo en la negociaciones.

Otro punto tiene relación con la posible  “extensión de los buenos oficios”, que será un proceso que tenderá a debilitar la huelga, ya que el empleador podrá solicitar este recurso para dilatar la votación de la huelga y que esta misma se lleve a cabo como medida de presión. De acuerdo al CIPSTRA se adelanta lo siguiente: “Esto deja en claro que la perspectiva de la dirección del trabajo en torno a la huelga es la de un fenómeno negativo que se busca impedir. Los buenos oficios se fortalecen en su rol de imposibilitar lo máximo posible la huelga dentro del proceso de negociación, restringiendo aún más su carácter de derecho.”

Hay que reiterar que el reemplazo interno de las los trabajadores es un elemento preocupante, pues permitiría al empleador mayor maniobra para disuadir la presión de la huelga. Entonces el fin al reemplazo externo de los trabajadores es un espejismo sutil de la reforma que intenta aparentar el fortalecimiento de la huelga y la negociación colectiva. Se sigue con la lógica de debilitar al sindicato como instancia de negociación de la fuerza de trabajo, apuntando al aumento usurero de las ganancias empresariales.

DSC_2787 BNLa reforma ha dejado de lado la salud y la seguridad de las y los trabajadores. Lo que nos da la tarea de apuntar a reformar la institucionalidad de las mutuales derogando la Ley 16744, dándole un nuevo enfoque acorde a los intereses de las y los trabajadores, al trato de los accidentes y enfermedades provocadas en el trabajo. Es clave para la salud de las y los trabajadores reformar la ley de trabajo pesado y calificar el de alto riesgo como causal de la jubilación anticipada. Además, un elemento central que no se han considerado en esta reforma y que los trabajadores y trabajadoras no podemos dejar pasar; es terminar con la subcontratación y el sistema de pensiones.

En función de los elementos expuestos anteriormente, los impulsores de un nuevo sindicalismo que apunte al fortalecimiento de la clase trabajadora, debemos apuntar a la unidad de la izquierda, oponiéndonos a esta reforma con la movilización y todos los argumentos válidos que tenemos al alcance.

Es nuestro deber impulsar una propuesta programática para direccionar la lucha política de las y los trabajadores en el contexto de la reforma laboral; un conjunto de reivindicaciones deben ser puestas en la mesa y en el debate público. Tenemos que identificar lo vital de levantar la lucha por un código laboral que contemple su construcción con la presencia de las y los trabajadores, que considere reformar el concepto de empresa; poniendo fin al Multirut, y que impulse de forma real la negociación colectiva y el derecho a la huelga.

En lo que concierne a dotar de mayor poder a la negociación colectiva, debemos tener como bandera de lucha la posibilidad de negociar por rama de la producción. Esto es clave para dar mayor poder a la hora de presionar al empresariado, rompiendo con la lógica neoliberal de fragmentación de la clase trabajadora que impide legalmente este tipo de negociación.

Teniendo en cuenta un programa mínimo para afrontar la lucha política en este nuevo contexto, las y los trabajadores y la izquierda de intención revolucionaria deberemos seguir impulsando el fortalecimiento de las organizaciones sindicales existentes dotándolas de contenido y proyecciones políticas. Construir sindicatos en donde no los hay y seguir levantando instancias intersindicales como federaciones o confederaciones que impulsen la unidad y centralidad de las luchas obreras. Haciendo un trabajo perseverante en la construcción gremial con proyección política, tendremos que ir debatiendo las posibilidades de construir una organización que unifique las luchas de la clase trabajadora en Chile. Si es una organización nueva o la CUT, no es relevante por el momento; lo vital es que sea una aglutinadora de las fuerzas anticapitalistas de los asalariados de Chile, que sea realmente democrática y que apunte a la lucha multisectorial, es decir más allá  de los gremios, aliándose con otros sectores explotados y oprimidos de la sociedad (movimiento de estudiantes, pobladores, indígenas y feministas). El contexto actual debe ser aprovechado para empujar y fortalecer el rearme del movimiento de las y los trabajadores, para ello es indispensable el papel de la unidad de la izquierda de intención revolucionaria, y el análisis certero de la coyuntura actual, con el objetivo de pensar los márgenes de maniobra de las luchas políticas sindicales que se vienen el 2015 y así fortalecer al movimiento de trabajadores y trabajadoras de Chile.

 

 

Por Cristian Villablanca

Profesor de Historia

Dirigente sindical
Federación de Trabajadores de la 
Educación

Militante del Frente de Trabajadores y Trabajadoras Ernesto Miranda

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.