El legado del MIR a 40 años de la caída de Miguel

Corre la década de los 60. Es un época intensa, fraguada entre el agotamiento de un proyecto nacional, una crisis de legitimad del bloque dominante, y la disputa de diversos proyectos y programas en el seno del pueblo chileno y latinoamericano. En medio de esas agitadas aguas confluyen varios grupos de la izquierda revolucionaria chilena, que a la larga darían origen al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Dentro de esa generación militante destacaría Miguel Enríquez Espinosa; referente teórico y político indiscutible de aquellos álgidos años de lucha.

 

El pueblo, la conciencia y el fusil

En el ocaso del inconcluso desarrollismo impulsado por las burguesías criollas, la izquierda tradicional latinoamericana levantó moderados programas que apostaron a utilizar la institucionalidad vigente para impulsar cambios en la sociedad, los cuales a la larga resultarían insuficientes. Frente a esta apuesta estratégica, que en Chile se expresó en la “vía chilena al socialismo” de la Unidad Popular (UP), emergió una izquierda revolucionaria que buscó transformarse en una alternativa de masas real, disputándole la conducción política al reformismo. Bajo la convicción radical de la lucha por el socialismo, impulsando la construcción autónoma del poder popular, el MIR elaboró un discurso y una práctica política orientada por un programa de ruptura con el orden burgués, cimentado en la acumulación de fuerza social-revolucionaria al interior de la clase trabajadora y las capas populares más desfavorecidas (los “pobres del campo y la ciudad”). El MIR contempló el desarrollo simultáneo de una fuerza social, política y militar, que fuese capaz de sentar las bases para una insurrección popular armada; único camino para la destrucción del régimen capitalista.

Hace 40 años, el 5 de octubre de 1974, en un combate con agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) ocurrido en la calle Santa Fe, fue abatido el Secretario General del MIR, el que en aquel entonces era unos de los hombres más buscados por la sangrienta Dictadura militar. Entre todos los homenajes posibles y necesarios, quisiéramos rescatar algunos elementos de esta herencia política revolucionaria, trazando un puente entre esa nueva izquierda y nuestra actual experiencia militante. Aún hoy, algunas de las concepciones centrales que levantó el MIR, desde diferentes lugares y en otro contexto histórico, continúan teniendo vigencia y brindando sentido a los nuevos contingentes de luchadoras y luchadores populares.

 

Tesis del ayer, orientaciones para el presente

FTREl MIR logró constituirse como una franja activa del campo popular que impulsó y participó de la construcción revolucionaria del poder popular desde diferentes iniciativas estratégicas, entre las que destacan los Frentes Intermedios de Masas (como el FTR, el FER, el MCR y el MPR), la Asamblea del Pueblo, los Comandos Comunales, o los Cordones Industriales. De esta manera, la acción directa de masas, la creación de una fuerza social independiente asentada en embrionarios espacios de poder popular, y la construcción de una ruptura histórica fundada en la violencia política revolucionaria, son componentes que están fuerte e innegablemente presentes en nuestro imaginario político, y en el de otras fuerzas políticas revolucionarias contemporáneas. Nos parece un gesto sincero y necesario, reivindicar el legado de aquellos hombres y mujeres que dieron hasta su vida por construir una vida digna para el pueblo trabajador, más allá, de las legitimas diferencias teórico-ideológicas que podamos mantener.

Sin pretender ser ni copia ni calco, queremos rescatar también el esfuerzo de unidad presente en el origen del MIR, en donde confluyeron iniciativas políticas de diferentes tendencias ideológicas: anarquistas, socialistas, maoístas, sindicalistas revolucionarios, trotskistas, social cristianos y marxistas-leninistas. Hoy, como libertarias y libertarios, tenemos la certeza que para construir una unidad de intención revolucionaria que logre convertirse algún día en una alternativa verdadera de poder, tendremos que recorrer un amplio y largo camino de experiencia, duros combates de clase, de diálogos con otras expresiones orgánicas, que no van a estar exentos de desencuentros, polémicas y tensiones. A pesar de todo, tenemos la convicción de que la construcción de dicha unidad sigue siendo posible, urgente y necesaria.

 por Teresa Acosta, Arturo López, Emilio Urtubia.
[Publicado en la edición N°25 de solidaridad]

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