Algunos criterios para el trabajo a nivel de masas (1era parte)

Huelga del CNT (1973) Uruguay.

Montevideo, 19 de mayo de 1969.

El proceso de las luchas en nuestro país va dejando en claro un conjunto amplio y complejo de experiencias. Analizar las para extraer de ellas pautas de acción claras y precisas, resulta fundamental. Emprendemos este análisis encarando algunos problemas que se deducen de la actividad sindical, aspecto dela mayor importancia dentro del conjunto de tareas que hoy tenemos por delante.

A pesar dela experiencia ya acumulada, a pesar delo que evidencia la práctica diaria, hay quienes se empeñan en presentar como excluyentes e incompatibles,métodos que solamente definen diversos niveles dela misma lucha y que pueden y deben ser confluyentes y armónicos. Hay quienes siguen contraponiendo artificialmente acción de masas y lucha armada, movilización gremial y acción directa. Esa concepción estratégica está plagada de “alternativas” que encierran otros tantos subjetivismos animados por un pensamiento interesadamente mecánico y abstracto. “O nos dedicamos a movilizar y organizar masas o agarramos la metralleta”. O vamos a las elecciones o nos ponemos todos “a tirar tiros”. Son éstos“argumentos” que todavía se oyen. En general seguidos del corolario que están destinados a sugerir: “las condiciones todavía no están dadas, sigamos haciendo propaganda legal, actos pacíficos, frentes electorales, batallas parlamentarias, paros y huelgas sin violencia”. También se dice con el mismo sentido y con las mismas consecuencias prácticas:“organicemos primero el Partido”.

En nuestro país los distintos niveles de lucha, los diversos métodos, se viene dando en forma simultánea. Acentuar la convergencia de sus efectos,perfeccionar su trabazón, es la tarea central del presente. Tarea en gran parte original y nueva, dadas las peculiaridades específicas de nuestro país (Urbanización elevada, movimiento de masas extenso, agudización paulatina y a ritmos diversos de las contradicciones, existencia de formas de lucha armada, represión creciente, etc.) y fluidez y complejidad que caracteriza este periodo de transición.

Lo que la experiencia viene mostrando es que los métodos legales, tradicionales, que aparecían antes como útiles para lograr conquistas en los salarios, no bastan ahora para quebrar la política de congelación. Lo que se constata, a escala internacional, es la inocuidad dela vía electoral como forma de acceder al poder, lo negativo del engañoso parlamentarismo, la vulnerabilidad de las vastas organizaciones y aparatos públicos, la relativa ineficacia de los medios tradicionales de propaganda disponibles. Reconocer todo eso ¿supone renunciar a la acción con las masas? ¿Supone la necesidad de aislarse de ellas? ¿De abandonar la tarea de organizarlas, de estimular las en su movilización, de contribuir a esclarecerlas? Por supuesto que no. Y en estos momentos resultan particularmente pertinentes algunas puntualizaciones sobre las modalidades del trabajo sindical en relación con esos problemas.

También la actividad sindical puede y debe desarrollarse a diversos niveles. De hecho lo viene haciendo. Hay niveles elevados de lucha que ya han sido alcanzados en las acciones gremiales. Dentro de éstas, en una esquematización necesariamente sumaria, se pueden reconocer estas variantes, que son de hecho meras etapas en el proceso de un conflicto gremial:

 

1)  Agitación(actos, volanteadas,pintadas,manifestaciones) destinadas a ambientar y difundir los móviles de una movilización posterior.

2)  Paro o huelga destinados a lograrla.

3)  Movilizaciones callejeras más o menos combativas para conmover a la opinión y galvanizar y cohesionar las propias filas.

4)  Acción directa como medio de repercusión pública, para castigar la traición y los represores, para radicalizar la propia movilización.

 

Una de las características de la metodología reformista es su apego exclusivo a las dos primeras formas de acción. Esto unido al culto de la obediencia al “aparato”disfrazada frecuentemente de “disciplina gremial”, a las gestiones y tramiteos (para “aislar al enemigo”) a la canalización hacia el parlamento (donde se “lucen los representantes del Partido) Constituye el recetario reformista para la actividad sindical. Si no se logran los objetivos perseguidos, se proclama “otra gran victoria”, y se trata de deducir “saldos políticos” (“centenares de nuevos afiliados”,“millares y millares de nuevos votantes…” en elecciones cercanas o más o menos remotas).

Todo esto se conoce perfectamente. Y llegó a ser lo tradicional. Pero en las condiciones actuales este esquema estratégico se demuestra insuficiente. Actuar sindicalmente, con una perspectiva revolucionaria, con sentido revolucionario, fundidos en las masas, sin deponer el cometido reivindicativo de la acción gremial plantea dificultades, sugiere problemas. Para ubicar aquellos, para dilucidar éstos, comencemos por el principio. Una orientación correcta supone encarar con sentido revolucionario y con métodos acordes, las plataformas reivindicativas.

La función esencial de los sindicatos, lo que legitima su existencia como organización de masa es su función de lucha reivindicativa. Hay que evitar el error de intentar convertirlos en especies de partidos políticos con definiciones totales sobre los más diversos problemas. Concepción errónea a la cual se deslizaron militantes anarco-sindicalistas que cumplieron–sin embargo-la difícil tarea de fundar, en base a criterios de intransigencia clasista, las primeras “sociedades de resistencia” en el Río de la Plata. En las condiciones presentes lo esencial es decidir acciones gremiales, combativas y duras, que determinan la conquista de las reivindicaciones más sentidas y arraigadas. Al respecto caben algunas puntualizaciones.

 

  • La función de la militancia es impulsar, fomentar y estimular la lucha y no esperar que ésta surja espontáneamente. Es crear los medios concretos (organizativos, financieros, informativos, etc.) para que el combate encuentre cauces, oportunidad y formas adecuadas.
  • Es necesario tener criterios claros respecto de cuáles son los objetivos en torno a los cuales centrar las luchas. Reivindicaciones no faltan, por cierto,en todos los gremios. El problema consiste en elegir cuál o cuáles de ellos es preferible agitar primero para lanzar las después como motivo de movilización.

 

El acierto de esta elección es decisivo para el éxito. No hay que“enchufar” consignas. No hay que plantear vaguedades ni cosas confusas ni demasiadas cosas a la vez. Se pueden agitar varias consignas,pero debe haber objetivos (metas a conquistar) bien definidos, claros y alcanzables.

 

  • No se puede movilizar a fondo a un gremio por cuestiones que sólo interesan a una minoría de militantes. En esto no valen “ocurrencias” subjetivistas. Sólo reivindicaciones muy sentidas pueden mover realmente a un gremio. Pero, frecuentemente, es la acción del sector más activo la que pone en claro y define ante el conjunto del gremio esas reivindicaciones, aclarando su contenido.
  • Las organizaciones gremiales son, por definición, organismos de masas. No tendría sentido, dentro de una perspectiva correcta, intentar convertirlas en mecanismos para enchalecar y manejar verticalmente a las masas. El aparato sindical debe ser un cauce  y no un brete.  Las  formas organizativas que se adopten deben garantizar el contacto más amplio, rápido y directo entre las bases y los órganos representativos de dirección.
  • En  el  marco  de  una  política  gubernamental  reaccionaria  y  represiva,  todo conflicto gremial enfrenta actualmente serias dificultades. Estas deben ser analizadas con objetividad y realismo y hay que plantear las ante el gremio con claridad y sin derrotismo. Si a pesar de las dificultades las masas quieren combatir, hay que seguir con ellas y no frenarlas. Lo hemos afirmado reiteradamente. La peor derrota es la derrota sin lucha.
  • Si un gremio, ante las trabas que encuentra la lucha, se quiere retroceder y es imposible  infundirle  más  combatividad,  sea  por  debilidad  propia  o  porque existen realmente dificultad es insalvables, no hay que empeñarse en seguir adelante hasta aislarse. Hay que ser capaz de replegarse en orden,con oportunidad, sin desorientarse y hablando siempre claro. No se deben inventar victorias cuando éstas no existen.
  • El  lanzamiento  de  una  movilización,  la  pertinencia  de  un  repliegue,  se establecen a través de un análisis concreto de condiciones y posibilidades.

 

¿Qué elementos tomar en cuenta en este análisis?

En primer término la situación del gremio: nivel de organización y conciencia, experiencia de lucha,disponibilidad de cuadros, etc. En segundo término,la situación del conjunto del movimiento popular: posibilidades de solidaridad y de influencias obre otros sectores, orientaciones predominantes en direcciones y aparatos,  etc.  En  tercer  término  las  peculiaridades  del  momento:  ascenso  o reflujo momentáneo de las luchas, situación y medios del enemigo en la coyuntura. Con un análisis de este tipo, en contacto estrecho con las masas se pueden afrontar, con eficacia, las más difícil es circunstancias.

  • En un periodo como el actual, la lucha aislada de un gremio está condenada al fracaso. Hay que preocupar darle, a toda lucha, la mayor amplitud. En extensión, fuera del gremio. En profundidad, en apoyo de masas, dentro de él. Esto supone coordinaciones y formas organizativas adecuadas. Una estructura de base que traduzca con puntualidad y fielmente las opiniones y reacciones del conjunto de los integrantes del gremio. La más amplia libertad de discusión y crítica dentro de los cuadros sindicales, como garantía de que aquellas opiniones se expresen sin trabas.
  • Cuando una orientación combativa predomina en la dirección de un gremio, los reformistas, agazapados, esperan los momentos más difíciles de la lucha para apostar sus cartas al retroceso, a la capitulación. Cuando la represión crece, cuando la victoria demora en llegar, surgen los conocidos planteos contra el “aventurerismo” de parte de quienes, en muchas oportunidades, han propuesto aventuras de verdad al principio, en la fase ascendente de la movilización.

En esta perspectiva, evitar el aislamiento (delos militantes más combativos, dentro del gremio; del gremio dentro del conjunto del movimiento popular) se torna uno de los aspectos fundamentales. Pero, para ello, se requiere una coordinación, estable y funcional, amplia y sin sectarismos, de todos los que están verdaderamente dispuestos a luchar. La formulación del tema nos conduce, necesariamente, a la consideración  de otros aspectos que no podremos eludir.

 

CARTAS DE FAU (FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA)

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