Sindicatos y Tendencia

“ Cartas de FAU” , del 27 de abril de 1970.

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La tarea de fijar objetivos adecuados y concretos para la acción de los grupos de tendencia combativa, se vincula a la necesaria delimitación del nivel preciso de actividad en que ellos se desempeñan. En este sentido son útiles ciertas precisiones. En primer término conviene tener siempre presente que la organización de tendencia no equivale a organización gremial, sindical. No hay sindicato que pueda subsistir mucho tiempo si abandona la defensa del gremio que agrupa. Defensa del gremio en general y de sus intereses en particular, frente a los patrones y autoridades. El sindicato está abierto a todos. Entre sus miembros hay habitualmente las más diversas opiniones y orientaciones políticas e ideológicas y es correcto que así sea. Esas distintas opiniones se confrontan dentro de la vida sindical y si el gremio tiene -como debe ser- un tipo de organización que refleje con fidelidad la opinión de sus componentes, será la orientación mayoritaria la que refleje la opinión del sindicato. Es necesario y lógico que los sindicatos se ocupen de temas que van más allá de la preocupación solo salarial, de la lucha económica. Pero en la medida en que van -y ven- más allá surgen las discrepancias. Sobre métodos, sobre formas de actuar y, a veces, incluso sobre programas. Y todo eso está bien. Si el sindicato cumple cabalmente su función primaria y básica de defender el gremio, es necesario que se ocupe de esos temas. Pero -ahí está el problema- sobre esos temas es difícil que haya unanimidad y, por lo tanto los sindicatos al respecto pueden cambiar y de hecho cambian, según el juego de mayorías que se vaya dando en las elecciones, asambleas, etc. El sindicato no puede por eso, ser un cimiento suficientemente sólido para construir, a partir de él, un movimiento revolucionario. Por eso si se quiere llevar sostenidamente adelante una línea de acción combativa a nivel de masas, además de actuar sindicalmente hay que agruparse como tendencia, lo cual implica ya un primer grado de definición, mayor que el sindical. Participar de la tendencia supone aceptar un conjunto de definiciones que pueden ser compartidas por compañeros de diversas extracciones ideológicas pero que entrañan ya claramente ciertas exclusiones (la de los reformistas por ejemplo) imprescindibles si se procura lograr un mínimo de verdadera coherencia operativa. Algunas de las cosas que planteamos aquí pueden parecer obvias. Sin embargo es útil tenerlas presentes. Especialmente tenerlas presentes en el momento actual, para no caer en viejos errores, atribuyéndole a las organizaciones sindicales cometido de acción político-ideológica que el tiempo demostraría que no puede asumir consecuentemente. Que son cometidos, a nivel de masas, de grupos de tendencia.

 

Sindicatos y Tendencia 2.

“ Cartas de FAU” , del 4 de mayo de 1970.

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El verdadero fondo del sindicato, la realidad habitual sigue siendo defender el salario, las condiciones de trabajo de todos. Y por ser para todos, precisamente, es que en periodos difíciles como el actual, se les hace también difíciles a los sindicatos, como tales, hacerse cargo de un nivel más elevado de la lucha. De ahí la necesidad de que los sectores más consecuentemente combativos, los que han llegado a una comprensión mayor de las exigencias de la hora, se agrupen y unan a otro nivel: a nivel de tendencia. ¿Significa esto que hay que abandonar la actividad sindical? Por supuesto que no. En los gremios hay que seguir actuando, impulsando la lucha hasta donde sea legítimo y posible. Hay que llegar lo más lejos que se pueda pero no tan lejos como para aislarse. Ni para frenar las luchas artificialmente como hace el reformismo, ni para querer llevarlas artificialmente donde el gremio no quiere ir, como, a veces hacen los que se enceguecen con sus propios deseos y no ven lo que la gente realmente quiere. Lo dicho no significa que le militante tiene que ser un esclavo del espontaneísmo de las masas. Que hay que esperar sentado a que las masas de les “ocurra” moverse, para empezar a moverse.

La función del militante es promover la lucha activamente. Pero promover la lucha es una cosa y llevarse por subjetivismo es otra. Para promover realmente luchas, a nivel gremial, hay que plantear cosas que sean queridas realmente por el gremio. La represión trata de convertir a los “pasivos” en asustados, a los que son combativos a veces en “pasivos” y así aislara los sectores más duros. A esos se golpeará entonces directamente. El reformismo juega en el mismo sentido y hablará contra los “aventureros”  y pedirá “direcciones responsables”  para intentar hacer base aprovechando las condiciones de retroceso, de “aflojada” , creadas por la represión. Ante la acción global de la represión generalizada y la actividad coordinada del reformismo se han coordinado los grupos de tendencia combativa que hoy constituyen una corriente importante, presente en un número creciente de gremios. Pero una vez concretada esa corriente la experiencia ha demostrado que sus posibilidades desbordan el marco de la actividad estrictamente sindical. Hay mucha gente en los barrios que no está comprendida en los cuadros sindicales pero que está dispuesta al combate, que se organiza para luchar. La tendencia no puede dar la espalda a esta realidad. Apenas iniciada su acción, en el campo de ésta se extiende ampliamente. Los agudos problemas que el pueblo padece, las penurias que impone la política reaccionaria y represiva del gobierno empujan a cada vez más sectores a la lucha, como único camino para tratar de imponer la satisfacción de reivindicaciones profundamente sentidas. Al camino de la resistencia como única salida. La lucha contra los aumentos, abusivos y arbitrarios, de las tarifas de la UTE, demostró claramente que este camino se puede recorrer. Que hay que recorrerlo. Pero esto implica la superación de viejos esquemas, de hábitos negativos, a veces muy arraigados. Hay que romper, definitivamente los prejuicios aislacionistas, que encierran la actividad de las agrupaciones dentro de su propio gremio. Hay que ampliar las perspectivas, elevarlas al nivel que la situación exige. Se debe concretar realmente, operativamente, la coordinación de actividades entre grupos de tendencias que actúen en la misma zona, en el mismo barrio. Abriendo posibilidades concretas de que participen en la lucha todos los que estén dispuestos a ella. Estén o no afiliados a un sindicato. Trabajadores/as de fábricas o talleres no sindicalizados, estudiantes de la zona, desocupados, amas de casa deben tener la posibilidad de participar en el combate.Deben irse creando las formas organizativas que lo habiliten. En ese sentido se hará un vastísimo campo. Todas las iniciativas así lo han demostrado. Sólo así se logrará rodear del apoyo y la solidaridad, imprescindible. Sólo así se logrará canalizar organizativamente el espíritu de rebeldía y protesta que hierve en sectores cada vez más amplio del pueblo.

Proceder de otra manera sería desperdiciar fuerzas. Se puede empezar por una reivindicación concreta pero para que la acción no se agote y termine de una vez solucionado el problema, hay que abrir desde el principio una perspectiva más amplia. Mostrarle a la gente que moviéndose puede conseguir, no una, sino varias cosas, el agruparse, el luchar juntos, da conciencia de la fuerza propia. Y al mismo tiempo demuestra, la experiencia viva, en los hechos que nunca mienten cuales son los obstáculos. Muestra, de manera inequívoca, por encima de todas las charlas, quienes son los amigos y quienes los enemigos. E inclusive los propios límites de la acción de masas. De ahí su invalorable y esclarecedor alcance político. Porque al igual que toda otra forma de acción de masas pone en claro la necesidad de una transformación de fondo. De una transformación que modifique los fundamentos mismos del sistema. Y eso es ya, una tarea más compleja y difícil, que entraña un compromiso mayor, que exige métodos diferentes, niveles aún más elevados. Es una tarea ya definida y específicamente política que sólo una organización política puede encarar. Los sindicatos significan un nivel, primario y general, de acción de masas. Las agrupaciones de tendencia coordinadas entre sí y enraizadas en el conjunto de los sectores más combativos del pueblo, en los barrios, son un nivel superior al anterior. Pero la transformación de fondo del sistema sólo puede lograrse en la medida en que exista una organización específicamente política, capaz de disputar a las clases dominantes el poder. Y para ello son necesarias formas de organización y métodos de acción que sólo en una organización ideológicamente homogénea y apta para actuar en todos los terrenos, puede darse. Esto nos conduce a otro plano de consideraciones que iremos desarrollando.

Extraído del libro

“ Acción Directa Anarquista, una historia de FAU” , de Juan Carlos Mechoso, Editorial Recortes.

 

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