El uso descafeinado de Gramsci

La reforma tributaria de la Nueva Mayoría ha sido puesta en la arena pública como una de las grandes reformas junto a la de educación. En este contexto, hemos tenido la oportunidad de ver el despliegue de la izquierda parlamentaria y si bien se respeta su esfuerzo, creemos necesario que, desde la izquierda revolucionaria, mantengamos una opinión crítica frente a estos procesos que han dado pie a una fuerte re-articulación del reformismo.

Gabriel Boric, diputado electo por la Región de Magallanes, ex presidente de la FECH y militante de la Izquierda Autónoma (IA) nos da la posibilidad de entrar a discutir con la perspectiva política que le ha venido dando sentido al quehacer de estos sectores, justamente, a propósito de la reforma tributaria.

En su intervención previa a la votación (general) de la reforma, Gabriel señala una serie de argumentos que, en vista de los últimos procesos, se han transformado en uso común de esta nueva izquierda reformista y es importante revisarlos.

Un poco de filosofía política:

“El debate tributario, señala el diputado, parece un debate técnico, pero la verdad es que es un debate sobre cómo debe financiarse el Estado, es decir, aquello que es de todos, y por tanto, es un debate sobre qué es lo justo y sobre los deberes de cada uno de nosotros con el resto de los miembros de esta sociedad. Visto así, este no es, ni debe ser un debate entre expertos, sino uno donde debiese participar el conjunto de los ciudadanos”.

Boric tiene razón cuando señala que el debate de reforma tributaria parece algo técnico, pero se equivoca profundamente en su siguiente idea, cuando señala el carácter del Estado, es decir, “aquello que es de todos” y el conjunto social aparece como un agregado de miembros (“cada uno de nosotros”).

 

“La tradición revolucionaria ha visto al parlamento como un mecanismo de denuncia y de demarcación de clase, un espacio que debe amplificar un programa de transformación que se apoya, fundamentalmente, en el desarrollo de las organizaciones de los trabajadores bajo una perspectiva independiente. A diferencia de esa tradición que comprendía el rol táctico de tales espacios la Izquierda Autónoma y el PC han preferido jugar a dialogar con la burguesía, a criticarla en sus mismos términos, renunciando a desarrollar una perspectiva independiente”

 

Sería bueno recordarle al diputado que en las sociedades de clase y más precisamente en la sociedad capitalista, el Estado parece ser un órgano que se levanta por sobre la sociedad, el representante general del interés general pero, si miramos un poco más al fondo del asunto, es posible ver otra cosa: el Estado es una relación social necesaria erigida por la misma acumulación de capital, es decir, el Estado no es sólo una relación que tiene como objetivo la dominación de una clase por otra (visión instrumentalista del Estado) sino que, en la sociedad capitalista, el Estado es un mecanismo de regulación de la misma actividad de los capitalista que se presentan como un conjunto de unidades de capital en competencia. En otras palabras, al Estado le toca velar por los intereses generales de la clase dominante y asegurar las condiciones de reproducción del capital social en su conjunto y no sólo el de algunos capitalistas. Si Boric hubiese leído un poco más a Gramsci podría haber señalado que en el Estado la clase propietaria se disciplina y se unifica, por sobre las disidencias y los choques de la competencia, para mantener intacta la condición de privilegio en la faz suprema de la competencia misma: la lucha de clases por el poder, por la preeminencia en la dirección y el ordenamiento de la sociedad”.

Un poco de economía política:

Más adelante, mi tocayo –si me permite la patudez- señala:

“Hacer una pausa antes de entrar al debate tributario permite cuestionar varios de los sentidos comunes imperantes en nuestra sociedad [sic]. Una de las propuestas de la Nueva Mayoríaes la de subir la tributación de las empresas de un20 aun 25%. Antes de entrar a comentar el ajuste, detengámonos en lo que esto significa.Que las empresas paguen un 20 o 25 % de impuesto sobre la base de sus utilidades quiere decir que la riqueza que éstas crearon no es de ellas, o no es completamente de ellas, sino que una parte relevante, un cuarto, es de la sociedad¿Y esto qué significa? Bueno que la riqueza creada por esa empresa no es solo mérito de ellos, quiere decir que cualquier riqueza, creada por cualquier empresa se debe, en buena medida, a los bienes que aporta el conjunto de la sociedad para que dicha creación de riqueza sea posible, y que si la sociedad no puede aportar lo que se necesita para que esta sociedad funcione, entonces no hay creación de riqueza posible”.

Es bastante esperable que si Gabriel dice que el Estado “somos todos” siga en su encrucijada por hacer desaparecer la clases sociales, ahora en la producción de la riqueza. Según Boric, “la riqueza que éstas crearon no es de ellas, o no es completamente de ellas [las empresas], sino que una parte relevante, un cuarto, es de la sociedad”. Nuevamente, otro gran error. Cualquier universitario que haya pasado por un taller de marxismo o anarquismo, realizado en cualquier universidad o colegio donde existe algún agrupamiento de izquierda (todos hemos ido al menos una vez a alguno), sabrá que en una sociedad de clases la riqueza social no es producida por toda la sociedad, sino que las llamadas sociedades de clases son tales porque existe (generalmente) una minoría que se apropia del trabajo de una mayoría, ya sea por medios puramente económicos –como suele suceder en la mayoría de las sociedades capitalistas- o bien por medios extraeconómicos. En el caso capitalista, sucede que hay un sector que es dueño de los medios de producción (al menos un 4% del total de la población económicamente activa ocupada) y otro gran sector (más del 80% de la población económicamente activa ocupada, si consideramos que el “cuentapropismo” es una forma de trabajo asalariado precario) que sólo tiene su fuerza de trabajo para vender en el mercado. En ese sentido, las empresas, no son unidades cerradas, contraparte de las familias y el gobierno, tal como lo señala la economía ortodoxa, sino que es en los espacios de la producción donde se vive -más que en ningún otro lugar- el dominio de clases, donde se visibiliza con mayor fuerza la dominación de un pequeño sector sobre una enorme mayoría que es, realmente, la gran mayoría de chilenos que desde el 2011 -e incluso antes- salen a las calles. No es “la sociedad” en abstracto la que crea la riqueza, somos las y los trabajadores y eso lo sabe cualquier hijo de vecino que ha puesto un pie en una empresa, una fábrica o a desempeñado un trabajo sometido al mando de un tercero. Pero así también, es falso que sea el grueso de la sociedad el que demanda educación gratuita o un mejor reparto de la riqueza, sino que son los trabajadores y trabajadoras los principales afectados y protagonistas de las contradicciones acumuladas por el capitalismo chileno.

 

“Una crítica a la reforma tributaria debe ser un palco que permita llevar los ojos de la clase trabajadora (que mira atenta el conflicto abierto en educación) al aspecto central de las desigualdades sociales: la explotación. La actual estructura tributaria es la continuación de esta relación asimétrica fundamental sobre la cual se levanta la sociedad capitalista”

 

Entonces, de no hacer este énfasis en la diferencia de clases que es propio de la producción capitalista, esta consideración de las empresas como unidades cerradas e independientes es un llamado razonable al conjunto de los capitalistas para que dejen de lado, por un segundo, su interés como unidad de capital y levanten la mirada, se unan a sus hermanos capitalista y cedan un poco más de la riqueza que “generaron” (se apropiaron) para que el Estado, este representante general de ellos mismo, pueda continuar su ardua tarea de asegurar la reproducción del capital, ahora en la forma de garantizar la formación de la fuerza de trabajo, etc. Vale la pena preguntarse ¿Quién es el que le está haciendo el juego al monstruo emergente?

En síntesis, según el diputado:

“Los impuestos no son una multa o una sanción con la que el Estado castiga la creación de riqueza, los impuestos son aquello que todos quienes son parte de la creación de riqueza le deben al conjunto de la sociedad para que ésta pueda seguir funcionando. En ese sentido, también podríamos considerar el pago de  impuestos como la manera en la cual señalamos que estamos comprometidos con el desarrollo de todos los chilenos. Cuando nos comprometemos con un proyecto político, por ejemplo,  de Educación gratuita, pública y de calidad para todos, no es sólo la expresión de un deseo. Es el compromiso cotidiano de darle la posibilidad material a todos los chilenos de que sus derechos sociales se encuentren garantizados, sin importar su condición socio-económico, raza, o sexo.  Por así decirlo, en el pago de impuestos se puede cristalizar esta intención real de permitir que todos puedan acceder a estos derechos”.

En otras palabras, basta con ser un poco más generosos, son “los poderosos de siempre” los que se oponen a que podamos vivir un poquito mejor y, al parecer, el Estado es el gran mecanismo ausente que nos acercará a una sociedad más justa, siempre y cuando, claro, la democracia y la repartición de la riqueza llegue hasta la puerta de la empresa. Parafraseando a otra diputada del Partido Comunista y Secretaria General de las JJCC, la IA, junto al PC se han dedicado a blanquear y perpetuar el capitalismo con las armas de la democracia y han sido incapaces de hacer del parlamento un frente más de la lucha de clases a sabiendas de lo limitado, estrecho y continuista de la reforma tributaria y del grueso del programa de la Nueva Mayoría, como ya se ha señalado en varias partes.

A diferencia de Boric

La tradición revolucionaria ha visto al parlamento como un mecanismo de denuncia y de demarcación de clase, un espacio que debe amplificar un programa de transformación que se apoya, fundamentalmente, en el desarrollo de las organizaciones de los trabajadores bajo una perspectiva independiente. A diferencia de esa tradición que comprendía el rol táctico de tales espacios la Izquierda Autónoma y el PC han preferido jugar a dialogar con la burguesía, a criticarla en sus mismos términos, renunciando a desarrollar una perspectiva independiente.

En la negación de la contradicción de clases, Boric le hace un flaco homenaje a Gramsci, acercándose a las lecturas más derechizantes del sardo y han derivado en el intento por desestimar a las clases sociales como un hecho objetivo, como una categoría que ordena el conjunto de las experiencias de la sociedad capitalista actual y prefiere colocar al conjunto social como una comunidad homogénea que colabora colectivamente y, al parecer, es el egoísmo de algunos el que impide o limita el justo reparto de la riqueza que todos generamos. Esto quiere decir, derechamente, que el reparto de la riqueza social se genera a partir de la colaboración de cada cual en el proceso. Pero basta con haber trabajado sólo una vez de forma asalariada, lo que implica someterse a un régimen de trabajo que el mismo obrero no controla, para darse cuenta de qué tan colectiva es la producción de riqueza, de como “todos participamos” en la producción de los bienes y servicios, de cómo la igualdad llega sólo hasta la entrada de la empresa. Es justamente porque los empresario no producen ni un ápice de la riqueza social es que la reforma tributaria es una necesidad (parcial), al mismo tiempo en que ésta aparece como insuficiente y mediocre, un mero acomodo que, como dijo el mismo Ffrench-Davis, que tiene como objetivo “que la mayor parte del ingreso tributario lo pague el 20 por ciento de chilenos de mayor ingreso. Con esto [dice Davis], el resto de los chilenos va a estar recibiendo los beneficios de la educación, de la salud, y el 20 por ciento de los más ricos va a estar recibiendo un país que vive en paz”.

Las reformas que las y los trabajadores deben llevar adelante no deben ser pensadas como reformas que “le sirvan a Chile”, a menos que sostengamos abiertamente que la patria es la clase trabajadora. Los que deben ver aumentado sus beneficios no son todos los chilenos, sino el sector de chilenos, que no por casualidad, se ha visto perjudicado por el enriquecimiento de pocos, no por su egoísmo, sino porque Chile, tal cual los demás países donde reina el sistema capitalista de producción, es uno que está dominado por el enfrentamiento entre clases.

Finalmente, creo que, respecto del problema de la Reforma Tributaria, la izquierda revolucionaria debe preguntarse no sólo por el cómo hacer que los empresarios aumenten su carga tributaria, sino que debe apostar a revelar el sentido profundo que oriente la tributación: quién paga y para qué se paga. Un país como el nuestro no debe apostar al desarrollo de una reforma tributaria sólo con miras a financiar la educación, eso es sólo un aspecto. Profundizar el debate sobre la reforma tributaria también debe apostar a ser un escenario que permita denunciar y mostrar el carácter profundamente injusto de la estructura de clases. De todas formas, hay que tener cuidado con levantar posiciones que hagan pensar que la desigualdad entre clases es algo que sólo se genera a nivel de recaudación y distribución (que parece ser el discurso del conjunto de la izquierda reformista). No. Una crítica a la reforma tributaria debe ser un palco que permita llevar los ojos de la clase trabajadora (que mira atenta el conflicto abierto en educación) al aspecto central de las desigualdades sociales: la explotación. La actual estructura tributaria es la continuación de esta relación asimétrica fundamental sobre la cual se levanta la sociedad capitalista. De esta forma, los cambios en el sistema tributario deben ir de la mano de otras transformaciones urgentes (salud, seguridad social, código laboral, etc.), reformas gatilladoras de procesos que le permitan a las mayorías excluidas entrar en la arena de la lucha política a través de organizaciones independientes del Gobierno. El proceso del diseño de estas demandas y su respectiva masificación parte de la necesaria construcción de programa del movimiento de trabajadores, hoy.

 

por Gabriel Rivas

Licenciado en Filosofía, candidato a Magister en Economía, miembro del Centro de investigación político social del trabajo (CIPSTRA), militante del Grupo de Estudios Marxistas (GEM).

 

Notas:

(1) Gramsci, Escritos Políticos, P. 93.

(2) Gracias a KN por la paráfrasis.

(3) Ver por ejemplo el artículo de C. Brega, “Reforma Tributaria: La Ilusión de Una Redistribución Duradera Del Ingreso”, publicada en “El Mostrador”: http://www.elmostrador.cl/2014/22/05/reforma-tributaria-la-ilusion-de-una-redistribucion-duradera-del-ingreso/

(4) Ffrench-Davis, “Con La Reforma Tributaria Los Más Ricos van a Estar Recibiendo Un País Que Vive En Paz”, publicada en “El Mostrador”: http://www.elmostrador.cl/pais/2014/05/12/ffrench-davis-con-la-reforma-tributaria-los-mas-ricos-van-a-estar-recibiendo-un-pais-que-vive-en-paz/

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