Editorial solidaridad N°23: “Reafirmemos la centralidad de la clase trabajadora”

En mayo, como siempre, recordamos la heroica gesta de los mártires de Chicago, ahorcados en EEUU por atreverse a luchar en la calle por instaurar la jornada de 8 horas de trabajo. Todos ellos eran anarquistas, pero por sobre todo obreros, que dedicaron todas sus fuerzas y ofrendaron sus vidas por avanzar hacia una sociedad libre de explotación y explotadores.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde los sucesos de Haymarket, pero lo que no ha cambiado es que aún la gran mayoría de la humanidad se ve obligada -para no morir de hambre-, a vender su fuerza de trabajo a un patrón que es dueño de los medios de producción, a cambio de un salario. La sociedad, a pesar de las apariencias, continúa dividida en dos grandes clases sociales enfrentadas en un antagonismo irrenunciable: el proletariado y la burguesía. El conjunto de los asalariados, por el carácter objetivo de su lugar en la producción y en la reproducción social de la vida, tal y como la conocemos hoy, posee un rol central en la lucha por superar el capitalismo y con ello cimentar el camino hacia una humanidad libre. Todo esto más allá de que algunos planteen la actual “desaparición” del proletariado, la aparición de “nuevos sujetos”, o la necesidad de centrar el desarrollo de la actividad política en la “clase media” y la pequeña burguesía progresista y ciudadanista.

En Chile, debido al vigente patrón de acumulación de capital centrado en la exportación de materias primas (cerca del 80% del PIB), consideramos que existen franjas de nuestra clase que al estar insertas en dichos enclaves productivos poseen un carácter estratégico, tanto por su capacidad de generar una inestabilidad interna y de esta manera alterar la agenda de los poderosos en diversos planos, como por la implicancia económica que la paralización de las actividades laborales tienen para el capital transnacional. La constante agitación en los puertos y el grito en el cielo que ponen los gremios empresariales cada vez que se movilizan es un claro ejemplo de esto.

 

 

Construir sindicatos donde no existen, recuperar aquellos que se encuentran bajo direcciones entreguistas y cómplices de la explotación, y avanzar en la coordinación efectiva, en base a un programa común de las diversas experiencias clasistas que han surgido en el último tiempo, son tareas que las y los revolucionarios debemos implementar en el corto plazo. En este sentido, debemos revivir el espíritu que animó originalmente la conformación del Congreso por un Nuevo Sindicalismo, instancia frustrada por apostar nuevamente a los atajos y a las salidas de corta perspectiva (las elecciones), que finalmente impidieron que una iniciativa que se visualizaba como una construcción genuina y de base, no prosperara.

 

 

La baja tasa de participación en las organizaciones permanentes de defensa de los intereses del pueblo trabajador, principalmente sindicatos, debido a las políticas reaccionarias implementadas bajo Dictadura por el “Plan Laboral” y el pro-patronal “Código del Trabajo”, sólo demuestran que todavía queda muchísimo por hacer y que debemos redoblar nuestros esfuerzos por levantar organización allí dónde nos encontremos. Construir sindicatos donde no existen, recuperar aquellos que se encuentran bajo direcciones entreguistas y cómplices de la explotación, y avanzar en la coordinación efectiva, en base a un programa común de las diversas experiencias clasistas que han surgido en el último tiempo, son tareas que las y los revolucionarios debemos implementar en el corto plazo. En este sentido, debemos revivir el espíritu que animó originalmente la conformación del Congreso por un Nuevo Sindicalismo, instancia frustrada por apostar nuevamente a los atajos y a las salidas de corta perspectiva (las elecciones), que finalmente impidieron que una iniciativa que se visualizaba como una construcción genuina y de base, no prosperara. Aún así iniciativas populares al interior de mundo del trabajo siguen floreciendo, tal y como, la Coordinadora nacional No más AFP, que convoca a un conjunto amplio de trabajadores y trabajadoras, como también la estratégica articulación de portuarios y mineros contenida en la Red Sindical de Atacama, y otros esfuerzos de menor calado, pero que trabajan en esta misma línea de construcción.

En otro registro, debemos plantearnos desde una mirada profundamente crítica al actual proyecto de “Reforma Tributaria” sostenida por la Nueva Mayoría, que no ataca el IVA ni es agresivo con el capital monopólico transnacional. No hay que olvidar, que en el pasado reciente, fue el movimiento popular, desde su pluralidad y heterogeneidad programática, quien logró instalar por medio de la movilización y la lucha, la necesidad de implementar una real y profunda reforma tributaria, que no sólo implica una presión fiscal, sino sobre todo una transformación o reforma productiva (resumida en la consigna “El cobre para financiar los derechos sociales”), que demanda la construcción de una fuerza social y popular que impida que estas parciales y tibias “reformas” por arriba, logren cerrar el ciclo de movilización y protesta social abierto el 2011. En este sentido el conjunto de demandas democráticas que durante estos próximos cuatro años van estar en la agenda pública, deben posibilitar a los sectores revolucionarios y en particular al movimiento libertario, impulsar una política independiente al interior del campo popular, ubicando las confrontaciones democráticas en una perspectiva socialista y libertaria, que logre pensar el conjunto de las batallas populares en función de una estrategia política de derrocamiento del bloque neoliberal dominante.

Antes de terminar, no queremos dejar de brindar todo nuestro apoyo a las y los habitantes de los cerros porteños que perdieron todo por el “megaincendio” que redujo a cenizas 2.900 viviendas, dejando 12.500 personas damnificadas y 15 fallecidas. Sabemos que las condiciones de vida en las poblaciones afectadas hicieron posible que la tragedia fuera de tal magnitud, y de eso sólo es responsable el Estado y la clase dominante. “Los pobres no eligen donde vivir”, tal y como lo dijo una pobladora en televisión, y regularmente son arrojados a los márgenes de la ciudad, sin ni siquiera contar con la infraestructura más básica para subsistir. Sin embargo, la solidaridad de clase y popular se ha hecho carne, y más allá de la caridad y de los parches institucionales, son diversas las iniciativas que han surgido desde nuestra misma clase para brindar una mano a quienes hoy más lo necesitan. Brigadas autónomas de voluntarios y voluntarias que remueven escombros, la realización de actividades para recaudar fondos gestionadas por organizaciones populares, el acopio de material para la reconstrucción y alimentos, nos demuestran que la solución a nuestros problemas sólo puede venir desde nosotros mismos.

 

¡La Solidaridad de Clase es nuestra mejor Arma!

¡Por el Socialismo y la Libertad!

¡Arriba las y los que Luchan!

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