El año que comienza es de grandes desafíos para el movimiento estudiantil

[publicado en la edición n°21 de solidaridad]

 

por Víctor Naranjo

El movimiento estudiantil se ha convertido en los  últimos años en uno de los principales actores políticos que han dinamizado la escena nacional: ha permitido abrir un nuevo ciclo político de luchas sociales que han comenzado a revertir el reflujo y la descomposición social que atravesaba nuestro país desde el retorno a la democracia.  El acumulado de reflexiones y experiencias surgidas al calor de la movilización, han convertido esta experiencia social en un importante campo de construcción para las fuerzas políticas y revolucionarias, ha permitido también, por la transversalidad y radicalidad de sus demandas, interpretar a importantes sectores de la sociedad, en la medida que el movimiento estudiantil ha ido superando el “sectorialismo” y ha ido avanzando en la construcción, con otros actores sociales, de un diagnóstico común de crítica al modelo económico y político imperante. Sin duda que el principal aporte del movimiento estudiantil ha sido la revalorización de las formas de lucha basadas en la acción directa de masas y la organización popular, hecho que ha ido decantando progresivamente también en mayor articulación con los territorios, los sindicatos y otras organizaciones y luchas que surgen de formas coyunturales.

Este nuevo ciclo de luchas abre un nuevo campo de disputa para el proyecto revolucionario. En tanto los movimientos sociales son capaces de tensionar el espacio público y generar movilizaciones de masas: su articulación y decantamiento histórico podrían ser un terreno fértil para la recomposición del movimiento popular, de tal forma de constituir una fuerza social que sea capaz de generar desde la movilización ganadas concretas y enfrentar a la institucionalidad política-económica que no ha sido capaz de responder a nuestras demandas.

El año que comienza se proyecta como un año de grandes desafíos para el movimiento estudiantil; la profundización de nuestras demandas no pasará solamente por generar pisos reivindicativos, sino por darle también un quehacer concreto a nuestros compañeros y compañeras. Es aquí que la multisectorialidad como perspectiva estratégica de construcción adquiere un rol fundamental, en la medida de que uno de nuestros grandes aprendizajes de estos años de lucha, es que solos no podremos conquistar la educación gratuita.

 

“Debemos asumir la tarea de vincular las luchas estudiantiles con los diversos movimientos sociales desde la experiencia concreta y no sólo desde la consigna, solamente así podremos dotarnos de una hoja de ruta clara para afrontar este proceso, construida y articulada desde las bases ”

 

Debemos avanzar en constituir un espacio de convergencia de las organizaciones sociales, una plataforma programática y de lucha que permita tensar al modelo económico y político desde la movilización. Su amplitud debe estar dada en asumir distintos modelos organizativos, puesto que el actual grado de descomposición del movimiento popular, su “inorganicidad” y la falta de adhesión a las formas tradicionales de participación social y política, nos instan como revolucionarios a ser originales de tal forma de incorporar la mayor cantidad de experiencias sociales, territoriales, populares, sindicales, culturales, estudiantiles, indígenas, feministas y disidentes sexuales, entre otras. Así también, debemos fortalecer las experiencias concretas donde ejes tales como el control comunitario se han convertido en elementos politizadores que han permitido sumar a las comunidades locales (como la coyuntura abierta por el proceso de cierre de los colegios) a la movilización por la construcción de un nuevo sistema de educación pública gratuita y de calidad.

La construcción de un proyecto educativo y popular de educación, construido por los diversos actores sociales, como proyecto contra hegemónico al proyecto educativo neoliberal, es también una tarea pendiente del movimiento estudiantil, y dónde la multisectorialidad asume también un rol fundamental, en la medida que este proyecto permita ser un eje aglutinador y una experiencia social concreta que nos permita ir avanzando en un cuestionamiento al modelo más profundo y en una transformación radical del mismo a partir de claridades programáticas.

La lucha es de largo aliento y debemos prepararnos para enfrentarla. La capacidad que tengamos de traducir todo lo ganado en términos de movilización y organización social, en una fuerza que sea capaz de perspectivarse históricamente, estará dado en la medida que sepamos distinguir bien nuestros objetivos políticos, y converger con las demás fuerzas revolucionarias que apunten en la misma dirección. Debemos asumir la tarea de vincular las luchas estudiantiles con los diversos movimientos sociales desde la experiencia concreta y no sólo desde la consigna, solamente así podremos dotarnos de una hoja de ruta clara para afrontar este proceso, construida y articulada desde las bases; de esto dependerán los resultados que obtengamos de este nuevo ciclo político de luchas sociales.

2 Comments

  • aspnd4ums2

    12.05.2016 at 20:06 Responder

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