Proyecciones de la izquierda ante el nuevo escenario político

[publicado en la edición N°21 de solidaridad]

por Carlos Miroslav

En el mes de diciembre del año que acaba de terminar, en la Librería Proyección, se llevó a cabo el lanzamiento del tercer número de la Revista Materialismo Histórico, publicación del Grupo de Estudios Marxistas (GEM)[1] -enfocada esta vez en distintos aspectos de la crisis mundial-, en el marco de un debate en torno a las perspectivas de la izquierda para el próximo período presidencial. Al debate asistieron representantes de tres corrientes de la izquierda chilena, a saber, los comunistas (PC), los autónomos (IA) y los comunistas libertarios (CTL). El propósito de la instancia fue la realización de un espacio en el que se compartieran y contrapusieran distintos diagnósticos y proyecciones en relación con los desafíos a los que, como izquierda, nos veremos enfrentados en los próximos años.

El Grupo de Estudios Marxistas, hace algunos años, se propuso aportar modestamente a la formación de un espacio público proletario, el que comprende la generación de un campo común de debate e intercambio que permita una práctica de discusión fraterna entre las distintas corrientes que existen al interior de la izquierda. Si bien podemos reconocer que hay pequeños grupos, o algunos intelectuales, relativamente aislados entre sí que están haciendo teoría, que sin duda, sí aporta, lamentablemente no ha habido un espacio común que permita avanzar en estos debates de manera abierta, crítica y sistemática. La teoría, en este sentido, debiera ser capaz de avanzar con los procesos históricos, con las experiencias de lucha de los trabajadores y de los distintos sectores del pueblo, y tiene que hacerlo de manera crítica, como herramienta para la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Hoy día, al menos en el caso de Chile, lo que vemos muchas veces es, o bien, la repetición de modelos teóricos bien establecidos, que admiten pocas variaciones prácticas, o por otro lado, la ausencia de estrategia, el olvido del horizonte comunista. El problema de ello es que no existe un criterio desde el cual mirar los procesos actuales y sus opciones tácticas, y así es como sectores de la izquierda dan su apoyo acrítico e irrestricto a una variedad de experiencias alrededor del mundo –Bolivia, Venezuela, Cuba-, o bien, que si hacen críticas, son críticas muchas veces cosméticas, que no discuten en profundidad la cuestión del socialismo, y se olvidan de que de lo que se trata no es solamente de acabar con la explotación, sino también con la dominación, o en otras palabras, tanto con el poder económico de la burguesía como con el poder político estatal, que, al menos según el marxismo, tiene un carácter de clase.

“La pregunta por la forma en que el capitalismo chileno organiza la producción social es crucial para la elaboración estratégica, y a su vez, permite plantear de mejor manera la relación entre las organizaciones políticas, o partidos revolucionarios, con la clase en su conjunto, y las perspectivas de construcción tanto de las organizaciones políticas como de las organizaciones sociales y del poder popular, para el período que se viene.”

Ahora bien, al hablar de la teoría, si se hace seriamente, de lo que se trata en definitiva es de la estrategia revolucionaria. Y ésta, como dice Artous, tiene que ver fundamentalmente con el “proyecto de derribamiento del poder político burgués”. Trotski, cuando analizaba el desarrollo de las discusiones en el movimiento socialista internacional, decía que hasta antes de la Primera Guerra Mundial, se hablaba sólo de la táctica del partido proletario, y que eso correspondía a los métodos parlamentarios y sindicales que eran predominantes entonces, y que no sobrepasaban el marco de las reivindicaciones y de las tareas corrientes, limitándose de esa manera a los problemas particulares. La estrategia revolucionaria, por otro lado, lo que haría es incorporar un sistema combinado de acciones que, adecuadamente orientado y por medio de su desarrollo, conduzca al proletariado a la conquista del poder. Aquí de lo que se trata, en otras palabras, es de generar modalidades de formación de conciencia socialista a partir de las experiencias propias de la clase, en sus luchas, en tensión permanente hacia el objetivo estratégico que acabamos de esbozar, en virtud del horizonte de una nueva sociedad en que ya no exista la lucha de clases, la sociedad comunista: “cuando corran a chorros llenos los manantiales de la riqueza colectiva”.

Mucho se ha hablado, además, sobre la supuesta crisis política del régimen neoliberal en Chile, principalmente a partir de la histórica movilización estudiantil del 2011, así como de otros movimientos sociales de gran convocatoria, principalmente a nivel regional. Así también, se han visto algunos avances en ciertos sectores específicos de las organizaciones de trabajadores, y aunque la cuestión de la organización obrera, más allá de experiencias incipientes, sigue manteniéndose en niveles, por lo general, bastante bajos, se habla de un ciclo abierto de movilizaciones sociales que, en los próximos años, plantea un desafío de gran magnitud para la izquierda.

El reciente período eleccionario, además, planteó una serie de problemas, tanto al interior de la izquierda revolucionaria, como para el conjunto de la izquierda, que busca la mejor manera de proyectar las tareas de cara al próximo gobierno de Bachelet y la “Nueva Mayoría”, candidatura que ha recibido el apoyo explícito y material de sectores importantes del empresariado, toda vez que su coalición histórica ha mostrado mayor efectividad en la contención de los movimientos sociales, y en definitiva, en la administración política del capitalismo en Chile.

Más allá de cualquier cálculo parlamentario, pareciera haber acuerdo, en el sector de la izquierda revolucionaria, sobre la actual incapacidad institucional, por su configuración dictatorial, de generar posibles coyunturas de autonomía relativa del Estado de tal manera de acoger y dar solución a las principales demandas de los movimientos sociales, tanto en el ámbito de la educación, como en el de la salud, las pensiones, los recursos naturales, y otras reformas parciales a favor de los trabajadores. Sobre cómo enfrentar este problema hay, naturalmente, diferencias. Algunos estiman que las relaciones actuales entre los bloques en el poder permiten abogar, al interior de la institucionalidad, por reformas que dejen en mejor pie a los trabajadores y al pueblo, avanzando en un programa progresista; otros, en cambio, sostienen que el desarrollo de las organizaciones de la clase trabajadora requiere un proceso que, sin confiar en la institucionalidad burguesa, se construya a través de un proceso de lucha y organización que permitan la formación de una sólida independencia de clase. El contexto internacional, sin embargo, es desalentador: EEUU y Europa, en plena crisis, arremeten contra los intereses de los trabajadores por medio de recortes y flexibilización, afectando directamente los salarios, los derechos sociales, y en definitiva, las condiciones de vida de millones de personas, constituyendo un límite al proyecto de la social-democracia.

El Chile actual, a 40 años del golpe militar, se encuentra ante un panorama adverso: una clase trabajadora y un pueblo profundamente desorganizado, con organizaciones cooptadas por el sistema político de administración, y ciertas experiencias de recomposición social y política que, aunque notables, tienen aún mucho camino por recorrer para dar solución definitiva a sus intereses. El proceso histórico delineado, sin embargo, plantea una serie de problemas estratégicos que la izquierda revolucionaria, si su objetivo es la transformación radical de la sociedad, debiese proponerse resolver: el rol y el carácter del Estado y de sus instituciones, y en relación a él, el papel que juegan las reformas democráticas y su lugar en el proceso revolucionario, así como la táctica electoral y el uso del parlamento, y sus límites y posibilidades; el rol de la violencia y del diálogo; y la caracterización y organización de la clase trabajadora, hoy debilitadísima por los efectos del neoliberalismo sobre el trabajo. ¿Ha crecido la clase trabajadora en Chile? ¿Cuáles son los trabajadores, y en qué sectores productivos se encuentran? La pregunta por la forma en que el capitalismo chileno organiza la producción social es crucial para la elaboración estratégica, y a su vez, permite plantear de mejor manera la relación entre las organizaciones políticas, o partidos revolucionarios, con la clase en su conjunto, y las perspectivas de construcción tanto de las organizaciones políticas como de las organizaciones sociales y del poder popular, para el período que se viene.

En tiempos en que distintos sectores de la izquierda parecen adoptar la actitud de hinchas de distintos equipos de fútbol, la conformación de canales que contribuyan a la formación de un espacio público proletario, es decir, de un entramado de instancias que permitan la crítica propia, para superarnos, se convierte en una necesidad de vital importancia para la recomposición de la organización y del movimiento de los trabajadores. Aunque la discusión no resuelve nada por sí sola, sin duda puede aportar a dotar de herramientas a un movimiento que busca y necesita volver a retomar la ofensiva.



[1] Sitio web del Grupo de Estudios Marxistas: http://www.estudiosmarxistas.cl. En Facebook: http://www.facebook.com/estudiosmarxistas.

 

Sitio web del Grupo de Estudios Marxistas (GEM): http://www.estudiosmarxistas.cl

En Facebook: http://www.facebook.com/estudiosmarxistas.

 

 

 

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1 Comment

  • aspnos7wb4

    03.05.2016 at 08:37 Responder

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