UNIDAD MULTISECTORIAL : Una perspectiva estratégica para el movimiento popular

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por  Periódico Solidaridad
[artículo publicado en la edición n°20 de Solidaridad]

La clase trabajadora chilena se enfrenta nuevamente al desafío de luchar por sus reivindicaciones en el contexto de un país gobernado por una fracción de la clase dominante que dice ser capaz de representar sus intereses y avanzar hacia “los cambios que Chile necesita”. Desde el próximo año, nos encontraremos con una Nueva Concertación, fortalecida por la participación del Partido Comunista en su coalición, y que integra en su programa algunas de las consignas levantadas por los movimientos sociales desde el 2011 hasta hoy. Los cuatro años de gobierno de la Alianza, que crearon un escenario de oposición amplia, le dieron pistas a la Nueva Concertación sobre cómo enfrentar este año el camino de regreso al gobierno: pese a su coincidencia profunda con el empresariado en la necesidad de mantener las reglas del modelo neoliberal, los grupos más progresistas comprendieron que no era posible reposicionarse como el sector hegemónico de la clase dominante sin integrar, al menos superficialmente, las demandas populares en términos de educación pública, previsión e institucionalidad política. Así es como las promesas de educación gratuita, de modificación al sistema de AFP y de cambios constitucionales se presentan como la clave con la que Bachelet conquista gloriosa una contundente mayoría en primera vuelta. Esta es además una de las razones de la derrotada campaña extremadamente conservadora de Matthei, que denuncia las transformaciones impulsadas por la Nueva Mayoría como un retroceso para el país.

“La multisectorialidad como eje estratégico es una necesidad concreta del movimiento popular que responde a la unidad fundamental de los diversos conflictos, más o menos explícitos, en las áreas de trabajo, salud, vivienda y educación.”

Pero si leemos entre líneas, encontramos la antigua amistad de lo más duro del empresariado chileno con la nueva administración, entusiasmados por volver a sus negocios en un ambiente de mayor gobernabilidad. Y si leemos la letra chica, encontramos que la educación gratuita propuesta por Bachelet no resuelve el problema de fondo al enfocarse en las becas, ni se proyecta en el mediano plazo, la creación de una AFP estatal no le hace mella a la destrucción de la previsión por parte del sistema imperante, y las modificaciones constitucionales propuestas se enmarcan dentro de un proceso resguardado que no tiene el carácter popular que una transformación de la Constitución requiere. Por otra parte, en el silencio total quedan las demandas de los trabajadores y trabajadoras con respecto a la necesidad de fortalecer los sindicatos, asegurar el derecho a huelga, acabar con los multirut, así como el derecho a una salud pública gratuita, una vivienda digna y un desarrollo social coherente con el medioambiente.

En este escenario, no podemos olvidar que el contenido de estas demandas ha sido puesto sobre la mesa por la movilización social de diversos sectores de la clase trabajadora. Creemos que el creciente impulso hacia la unidad de estos sectores en lucha, que se manifestó con claridad y fuerza en el paro multisectorial del 26 de junio convocado por la Confech y los trabajadores portuarios y del cobre, continuará y se profundizará a lo largo del próximo año. El desafío será perfilar dicha unidad en una perspectiva que vaya más allá de la articulación de las reivindicaciones de cada sector, avanzando hacia una integración de dichas demandas en un programa de transformaciones que ponga en cuestión el modelo en su conjunto.

La capacidad de instalar temas en el espacio público mediante la acción directa de masas (materializada en marchas, huelgas, paros, tomas y otras acciones territoriales) muestra la necesidad de que los sectores más conscientes de la clase trabajadora impulsen la unidad con los demás sectores en lucha que todavía se hallan restringidos a sus espacios sociales, confinados a sus demandas gremiales o aislados por las precarias condiciones del tejido social. Debemos comprender que la clase trabajadora es una sola, pero que incluye diferencias en su interior. Ella se manifiesta de manera concreta en sectores diferenciados, cuyos intereses específicos expresan los intereses generales del conjunto de la clase, y que por lo tanto es necesario abordar de manera interconectada. Esta es la única forma de que las demandas sectoriales, como por ejemplo las del movimiento estudiantil, adquieran consistencia transformadora y capacidad de convocar a amplias capas de la población. La posición todavía débil del movimiento de trabajadores (baja tasa de sindicalización, obstáculos para la huelga efectiva y la negociación colectiva, desorganización estructural del trabajo en las áreas más precarizadas, etc.) requiere que sectores con una posición más avanzada y con mayor tribuna pública, como el mismo movimiento estudiantil, contribuyan a dinamizar el proceso de movilización popular con una perspectiva de masas de cara al pueblo en su conjunto.

Para lograr dicha articulación efectiva en torno a un programa de transformación radical de las condiciones de vida de nuestro pueblo, la unidald multisectorial debe ser comprendida como solidaridad de clase efectiva mediante huelgas solidarias como la de Starbucks y H&M; como el debate programático llevado a cabo en el Encuentro por un Nuevo Sindicalismo o el Congreso Social por un Proyecto Educativo; como la formación de coordinaciones territoriales que conecten las distintas luchas en una comuna y entre distintas comunas, ciudades y regiones; como el desarrollo de formas de lucha que impliquen el ejercicio directo de los trabajadores y el pueblo de sus derechos, organizando con audacia su independencia de clase en una nueva institucionalidad sindical, poblacional y estudiantil que le permita superar las trancas estructurales del momento actual.

Además, un proyecto de transformación social en una línea clasista y libertaria requiere integrar los sectores en lucha desde las luchas mismas, mostrando la capacidad política de la misma clase trabajadora auto-organizada. Eso que hace años venimos llamando “unidad desde la lucha” debe ser subrayado una vez más. Sin ilusiones sobre un lugar en la institucionalidad diseñada por la burguesía para asegurar su dominio, con confianza pero sin sobreestimar la propia fuerza, la perspectiva de la unidad multisectorial está a la base de consignas como el control comunitario en educación o de comunidad organizada en los territorios, capaces de sintetizar en una misma visión las reivindicaciones sectoriales y una perspectiva de autogestión que no se ponga al margen de los conflictos sino que surja como una respuesta real para superarlos, mostrando la incapacidad del capital y del Estado por resolver las contradicciones que ellos mismos crean.

La estrategia de la multisectorialidad no es una sobrevaloración del estado actual de la clase trabajadora, ni la reducción de la unidad a una mera articulación de luchas atomizadas,  y tampoco es el confinamiento de la acumulación de fuerza a un ámbito social carente de proyecciones políticas, como si ambos niveles estuviesen separados.  La multisectorialidad como eje estratégico es una necesidad concreta del movimiento popular que responde a la unidad fundamental de los diversos conflictos, más o menos explícitos, en las áreas de trabajo, salud, vivienda y educación. Por sobre todo, es una perspectiva que ha surgido de la experiencia misma de las luchas, y que este año próximo pondrá a prueba la capacidad del movimiento popular de movilizar a los sectores todavía desorganizados, aumentar los niveles de combatividad en las calles, los centros de estudiante, los sindicatos y las poblaciones, y dar pasos concretos hacia la victoria.

 

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